El pasado domingo por la noche se informó que The Weinstein Co. presentaría la quiebra, lo que daría por tierra las negociaciones para la venta de la compañía a un conglomerado de inversores liderado por María Contreras-Sweet, desde siempre activista por los derechos de las mujeres. La novedad implicaba que los problemas para la productora cinematográfica de los hermanos Bob y Harvey Weinstein se aceleraban. Sin embargo, la versión online de Variety explicó ayer que probablemente el anuncio de quiebra no sea más que una manera de fijar reglas de juego mientras continúan las negociaciones.

Las cosas no son fáciles. La miríada de denuncias que señalan a Harvey Weinstein como un depredador sexual no sólo dañaron al magnate sino que además hundieron la credibilidad de la firma, toda vez que ha quedado claro que muchos ejecutivos y empleados encubrieron el comportamiento del productor. Comercialmente, esto implica que la marca "The Weinstein Co.", que obtuvo muchos Oscar y posee una biblioteca con 277 películas que cualquier estudio querría como commodity, es veneno y no sólo para la taquilla. Hace dos semanas, además, el fiscal general de Nueva York objetó que uno de los ejecutivos de la firma permaneciese en ella en caso de venta a los grupos representados por Contreras-Sweet.

Lo que señalan los especialistas es que el proceso de presentación de la quiebra toma al menos dos semanas, y que puede interpretarse como una medida de presión para los inversores. Y es que el problema general consiste en que TWC hoy sólo tiene u$s5 millones para gastos corrientes, lo que le permitiría seguir funcionando por un par de semanas, y habían pedido a los futuros compradores un "puente" de u$s7 millones para continuar operando a cuenta de la transacción final. Otro problema: gran parte del dinero que pueda obtenerse de la operación debería ir a un fondo de compensación económica para las víctimas de Harvey Weinstein.

Hay más: Bob Weinstein es, también, acreedor de la compañía, con más de u$s10 millones en préstamos. Para él, como particular, sería ideal la quiebra salvo por el hecho de los costos en abogados y banqueros, que serían los primeros en cobrar en caso de liquidarse la firma. Y, si esto ocurriera, se abriría el negocio para que cualquiera pudiese ofertar por esa librería que incluye películas como El artista, El discurso del rey y otras triunfadoras del Oscar y que aún producen dinero.

Así que la verdad detrás de la potencial "quiebra" que se informó sin que se comenzara su proceso ni se llenaran los formularios es que se trata de una estrategia de presión a los compradores por parte de una empresa siempre con pocos escrúpulos que, hoy, parece disolverse de la peor manera. Y, claro, el negocio de los contenidos: muchas compañías ven el circo pensando con qué parte de los atrezzos podría quedarse. Continuará.