Todo era alegría hace una semana cuando el box-office estadounidense de temporada alta mostró un declive de solo el 19% respecto del de 2019, el último año sin pandemia. Y entonces todo el mundo volvió a casa. Así, el pasado fin de semana, las recaudaciones se desplomaron a no más de 66 millones de dólares, con el primer puesto (Tren bala) apenas por encima de los diez millones.

La razón para una caída tan pronunciada es simple: no hubo estrenos importantes (léase "tanques") la semana pasada y, sin eso, no hay nada que traccione las recaudaciones. Es decir: la dependencia de la exhibición del gran blockbuster se siente mucho más en este periodo de transición en el que las salas buscan recuperarse de dos años catastróficos a causa del Covid-19. Y hay motivos por los cuales los tanques aparecieron y, ahora, hay que esperar a los dos últimos meses del año.

Otra vez, la razón es la panemia. El retraso y aplazamiento de producciones que ya estaban filmadas hizo que la post producción (que es más larga que el rodaje hoy, toda vez que incluye enorme cantidad de efectos especiales) se complicara mucho. En cuanto se pudo volver a trabajar, las grandes productoras enviaron demasiada cantidad de material a las casas de efectos especiales que se convirtieron, muy rápidamente, en el cuello de botella de la producción.

Dicho de otro modo: tienen demasiadas películas para hacer y poca capacidad de producción. Casas que además no trabajan solo para el cine, sino también para las series. Imaginen que no solo hay que generar los decorados digitales de Wakanda Forever sino también para Los anillos de poder, La casa del dragón o Sandman. La contracara: las películas más "chicas" tienen más posibilidades de encontrar público por más tiempo. Pero el negocio pegó un frenazo preocupante.

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