Gran fin de semana para el negocio de la exhibición, como era previsible. Entre las primeras cuatro películas superan el millón de entradas vendidas, lo que es excelente. Spider-Man es la primera película Marvel del año en no llegar al primer puesto (aunque recaudó la friolera de u$ 185 millones en los EE.UU.) en este país, pero eso es porque Toy Story sigue sumando de modo extraordinario, y pasó una nueva marca de millón (más de cuatro) en solo 17 días. Es para tirar papel picado, por cierto.

Salvo que se mire la tabla con detenimiento. Del cuarto puesto en adelante, las cosas no permiten celebrar demasiado. Las cuatro películas más vistas son secuelas (todas) y de gran presupuesto, con enorme gasto en instalación de marca y marketing detrás. Y algo más: la inacción en cuanto a la limitación de pantallas para los lanzamientos grandes. Hay que explicarlo: esta tendencia comenzó en 2006, cuando El código Da Vinci superó las 100 pantallas. Eso, para un mercado con menos de 1000, era un escándalo. Hoy es una cifra risible. La concentración creció desde entonces y se acentuó en la gestión Mazure del INCAA (a partir de 2008). ¿Por qué? Simple: el Fondo de Fomento Cinematográfico dependía (sobre todo) del 10% de cada entrada vendida. Se permitían cada vez más pantallas a los tanques para que hubiera más dinero para hecer películas argentinas que, luego, carecían de pantallas para ser estrenadas en gran medida porque los tanques dominaban todo.

La concentración causa que el cine argentino recaude mucho menos de lo que debería

Más allá de que esto hoy está en revisión (pero lejos de solución) y de que ese 10% ya no es la principal fuente del fondo de fomento (lo es el aporte del Enacom, que significa el 25% del ingreso de ese ente, por ley) la consecuencia en el público es que, dado que puede encontrar una gran cantidad de entretenimiento en casa gracias a los sistemas on demand (desde el Flow de Cablevisión hasta los "over the top" como Netflix) solo sale a ver una película y pagar una entrada si el "plus" de la experiencia lo justifica. 3D, efectos especiales, necesidad de "ser parte de la conversación" en redes sociales (sobre todo, todo esto, los más jóvenes) hacen que el cine se haya convertido en otra cosa y esté barriendo con los filmes de relato y personajes, y ya no solo las películas argentinas modeladas alrededor de este núcleo. Para comparar: Spider-Man de regreso a casa se estrenó el mismo fin de semana que Mamá se fue de viaje. Mamá se fue de viaje superó los dos millones de entradas, Spider Man no llegó a uno. Hoy Spider Man decuplica a No soy tu mami, comedia en situación similar. Fue hace un millón de años: en 2017. La concentración ha producido este efecto de desinterés que llega al punto de que una película de Campanella, de los pocos directores que garantiza(ba) éxito en taquilla, recién dos meses después de su estreno haya podido cruzar la barrera del medio millón de espectadores.

Hay esperanzas: con pocas copias, la italiana Ricordi? y la francesa El verdadero amor, muy buenas películas, tuvieron excelente promedio. Pero ese público es cada vez menor y está cada vez peor cuidado. Hoy hay tanques y el negocio festeja. Pero solo sucede en diez o quince de las 52 semanas del año. Algo está muy mal en el sistema.

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