En la página 23 hablamos de cómo se comportó el mercado cinematográfico argentino en 2017, incluso cuando los números no son definitivos. Lo interesante es que la baja respecto de 2016 (alrededor de un millón de entradas menos) es del 2%. Y es exactamente el mismo número estimado por las consultoras de Estados Unidos al considerar la asistencia en salas de ese país en esta temporada.

Los números no definitivos -los estadounidenses miden en dinero ingresado y no en tickets vendidos- dicen que la recaudación total estará apenas por debajo de los u$s11.000 millones, lo que implica un 2% menos que en 2016, cuando se recaudaron en ese territorio -el más importante en venta en el mundo y, por otro lado, el que maneja las fechas y cantidades de la distribución mundial- u$s11.380 . Ahora bien: de no haberse estrenado el Episodio VIII de Star Wars, la baja sería del 3,5%.

La razón es sencilla: la mayoría de los blockbusters de la temporada de verano funcionaron muy por debajo de lo estimado. Cars 3 vendió un 30% menos que la segunda de la serie (lo que demuestra el hiato creativo y comercial en el que ha caído Pixar estos años), y hubo notorios fracasos como Valerian -la película es europea, pero la distribución es americana-, El Rey Arturo, Transformers 5 y algunas películas que funcionaron bien pero no fueron la explosión que se esperaba, como Spider-Man: Homecoming. De hecho, la película más vista del año fue la versión digital-actoral de La Bella y la Bestia, que superó la marca de los u$s1.000 millones globales junto con Rápidos y Furiosos 8. Lo demás estuvo por debajo de los u$s900 millones globales. De hecho, se esperaba que Liga de la Justicia ingresara en el club de los mil millones. Aún falta, pero ya es muy difícil que lo logre.

Es simple: en la temporada de verano (que coincide con nuestras vacaciones de invierno) las películas recaudaron menos de u$s4.000 millones y fue la primera vez en poco más de un lustro en que tal cosa ocurre. Para pintar este paisaje se unen dos factores. El primero es la saturación del público por espectáculos de esta clase, más allá de que cierto núcleo permanece fiel a algunos personajes o marcas. Pero en lugar de incorporar más público, las "sagas" o series dejan cada vez más gente afuera. El otro: la mayoría de los nuevos públicos prefieren acceder al entretenimiento audiovisual desde dispositivos móviles o desde el hogar, y sólo van al cine si, además de gran espectáculo, se les garantiza cierta calidad y cierta novedad. La falta de cineastas -y la abundancia de técnicos- conspira contra los dos últimos rubros.

Quizás estas cifras permitan un replanteo del negocio, aunque ya hay mucho entretenimiento masivo planeado -plantado- en las pantallas de 2018. Un año para el cual nadie arriesga cifras.