Hoy se estrena en los cines de la Argentina Había una vez en Hollywood, la última película de Quentin Tarantino, que es un canto, también, a la era más sexy -y un poco decadente, digamos todo- del cine mainstream. En la película hay un actor de TV que ve cómo su carrera parece disolverse, un doble, una modelo que se transforma en actriz, Bruce Lee, Charles Manson, la Mansión Playboy y varias cosas más. Todo es totalmente creíble y el paisaje corresponde al momento previo al gran cambio en el entretenimiento popular, ese apenas anterior a Watergate, la legalización del porno, el surgimiento de la generación de los 70 (Scorsese, Coppola, Spielberg, etcétera), y el corolario final -y el comienzo del fin de la libertad de mostrar- el triunfo de La Guerra de las Galaxias. De todos modos, la película tiene como núcleo el arte de la actuación, y a esta altura el cine de Tarantino suena como un gigantesco homenaje a los actores, al arte de interpretar. Fíjense que muchas de sus mejores secuencias son, justamente, actuación pura: vean el final de Perros de la calle con Keitel y Tim Roth, vean a Travolta y Uma Thurman en el restaurante, vean la tensión en el sótano de Bastardos sin gloria, vean el diálogo ente Beatrix Kiddo y Bill en el final de, claro, Kill Bill. Los ejemplos son miles y es parte del placer que provoca el cine del director: hacer de los personajes más excéntricos y aparentemente raros lo más parecido al vecino de al lado de casa.

Es importante que la “previa” al acto sexual genere tensión: es lo que alimenta la excitación en el momento de lo explícito

Dicho esto, y dado que un poco el clima de la película se contagia del cine clase B y Z -que incluye la sexploitation, esas películas con sexo simulado y desnudos a mansalva que precedió al porno legal puro y duro- pensé que quizás era momento de hablar de la actuación en el erotismo y el porno. Aunque quizás primero cabría aclarar por qué es interesante hacerlo desde estos géneros más que marginales. El porno es (en realidad, era, pero requiere una nota el doble de larga) un cine absolutamente libre donde todo está permitido porque nadie lo censura. Sí, claro, la sociedad que lo consume, que acepta algunas cosas y otras no y, con el poder de su dinero, va depurando formas y temas (lo que no tiene público, en este caso, no se produce; es un caso distinto al del cine experimental). Pero en su libertad también permite ver los aciertos y excesos en todas las capas que se requieren para hacer una película. El porno es básicamente una fantasía, es tan ficticio y alocado como la más alambicada película de superhéroes. De hecho, pero esto también requiere un estudio más largo, gran parte de nuestra posibilidad de aceptar fantasías hipertróficas tiene que ver con nuestra experiencia "creyendo" el porno y disfrutando de la animación. Hay un lazo ahí pero, por ahora, sugiero que me lo crean sin más.

Volvamos: actuación en el porno. Lo primero e indispensable en el género es que no se note que estamos actuando. Es cierto que tal cosa es imprescindible para cualquier película, pero en el porno la cosa se pone más complicada porque el cuerpo desnudo no representa más que un cuerpo desnudo: es nuestra memoria de los momentos anteriores al sexo los que nos permiten decir "oh, se está acostando con su prima". Al respecto, en esos momentos anteriores a bajar cierres y desabrochar tiras es absolutamente imprescindible que creamos en la seducción, en la relación entre los personajes. Es eso lo que crea la tensión necesaria para que se desarrolle el sexo y tenga sentido. Para eso, además, es necesario "actuar bien": tenemos que creer en esa tensión. Si no, la excitación es puramente animal y, en general, solo funciona con quien ya está previamente excitado. Es lo mismo que sucede con una escena sangrienta en una película de terror: si primero no hay algo de suspenso hasta que aparece el cuchillo, es simplemente un pequeño susto que no genera nada más que un par de segundos de reacción puramente física. Basta subir el volumen de una película cualquiera de golpe (puede ser Blancanieves o Duro de matar, lo mismo da) para que alguien se asuste. Es la tensión previa la que crea todo el efecto emocional.

Pero en el sexo mismo la cosa es mucho más complicada. Una de las características del porno es que ese sexo debe ser real, hiperreal, de hecho. Alguna vez hablamos de los trucos que implica hacerlo. Pero el momento de la penetración requiere que no se note si se finje. En muchos casos, y esto es casi lo más difícil de este asunto, los performers dan rienda suelta al instinto, aunque no dejan de actuar para la cámara. Vean, por ejemplo, cómo se acomodan el pelo o se lo sacan del rostro cuando ocurre una fellatio: la norma implica que se vea el rostro de la actriz al mismo tiempo que la acción. Pero de todos modos esto no es solo "hacerlo y registralo". Hay cortes de montaje y hay cortes no provocados por el guión de filmación. Esos cortes bajan la excitación y, al retomar, hay que hacerlo desde el punto en el que el personaje se encontraba tanto física como emocional y -peor- instintivamente. Actuar en el porno implica que no se noten estas interrupciones.

Aunque las mujeres cobran más que los hombres, por cuestiones técnicas una escena lésbica es más económica de filmar

Por esta razón es que las mujeres prefieren trabajar en escenas lésbicas. La razón es que, aunque las mujeres cobran hasta diez veces más que los hombres por cada secuencia de veinte minutos (es la norma en el porno), las secuencias lésbicas tienen menos cortes. Los actores profesionales controlan su orgasmo, pero no siempre pueden. Eso implica que si un hombre tiene un orgasmo en medio de una toma, hay que cortar y esperar para seguir filmando, a veces hasta una hora. La secuencia lésbica no tiene ese inconveniente y puede rodarse en dos horas, con cortes para montaje, cuando no en menos tiempo. Una con hombres puede llevar entre tres y cinco horas. Eso implica pagar también, por horas, a un equipo de rodaje que incluye al menos cuatro personas en el mainstream (cámara, luz, sonido y maquillaje, sin contar dirección). Los actores tienen que mantener una condición física especial durante todo el transcurso del rodaje y convencernos de que eso es continuo, de que el placer no decae nunca. Es algo de enorme dificultad para cualquiera. Y es lo que hacen todos los actores en todo el cine, solo que en el porno es mucho más evidente. Aún así hay malas actuaciones dentro y fuera de las escenas de sexo, y eso se nota más en el cine erótico donde se contrata a figuras poco conocidas que o no tienen mucho que ver con el sexo o realmente son malos actuando o diciendo parlamentos. Requiere otra nota, así que continuará.

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