Dice Variety que nadie esperaba que el precio de salida del nuevo servicio de streaming de Apple fuera de u$ 4,99 mensuales, especialmente de una empresa cuyos productos están en la cima de precios de cada rama de su negocio. Es una buena noticia para los usuarios -dos dólares menos que el ya bastante económico precio de lanzamiento de Disney +- pero genera enormes suspicacias en Wall Stret. La reacción de los accionistas tiene su peso, dado que va a decidir -en el futuro- no solo la capitalización de cada empresa, sino la posibilidad de las firmas, cada vez más grandes y con cada vez más dinero en inversión, de financiarse. Es cierto: uno de los grandes problemas que presenta el futuro y complejo ecosistema del streaming consiste en cuánto dinero será capaz de gastar un usuario en sumar suscripciones. Seguramente vendrá una guerra de precios y de ofertas, y también tendrán peso las exclusividades y qué contenidos se ofrecen.

Porque hay una pequeña trampa: el contenido de Apple es pequeño, unas diez series nuevas aunque de alto perfil. Sin embargo, los inversores de Wall Street no tienen demasiada confianza en el negocio del streaming. Variety cita a alguien que explica que muchos de estos servicios no tienen el mandato de hacer dinero, sino de multiplicar el interés por otras ramas mucho más lucrativas del negocio ligado a los contenidos. Un ejemplo claro es el de Disney y el merchandising: en ese punto, los contenidos sirven para instalar franquicias que luego venden toda clase de productos, y ese es el verdadero negocio por encima del sistema de video hogareño. No es lo que sucede, sin embargo, con HBO Max y Warner, cuyo verdadero core bussiness está conformado por el acceso a esos contenidos. De allí también que el precio de ese servicio se ubique -o parezca ubicarse, ya que no hay aún una confirmación oficial- por encima de los u$ 15 por mes, que es ni más ni menos lo que cuesta HBO solo dentro de los paquetes de cable en los Estados Unidos. Se supone que la oferta de contenidos será más amplia (es decir, contendrá toda la biblioteca de Warner, que es gigante e incluye varios sellos adquiridos a lo largo de los años por Turner) y si bien es cierto que incluye muchas franquicias (Looney Tunes, por ejemplo, es un gran generador de merchandising), no es el centro del negocio. En cuanto a Apple, los especialistas creen que el SVOD tiene como fin retener al usuario de la marca en la compra del hardware, fidelizarlo en esa rama (el comprador de Apple es, más que un usuario, un fan) no invertir en el contenido o su difusión como negocio nuclear. De allí que, al mismo tiempo que parece haber un entusiasmo del lado de los productores de contenidos, hay una cautela muy grande por parte de los inversores. Los precios son una variable clara para entender qué es lo que está en juego.

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Leonardo Desposito

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