Una de las preguntas más importantes en el nuevo ecosistema audiovisual donde las plataformas de entretenimiento on demand se vuelven un campo de competencia feroz es qué lugar le queda al cine. O, mejor dicho, qué lugar queda para las películas. lo que también implica pensar en su tamaño, el dinero que se gasta en ellas, su lanzamiento y, en última instancia, cómo han de relacionarse con sus audiencias. Entre las novedades de este nuevo tiempo aparece la instalación de Netflix como un contendiente de peso no solo en lo que respecta a la televisión -léase: "series"-, sino también en el campo cinematográfico. El año pasado se cerró una grieta: el streaming propuso -y ganó- un premio Oscar, el de Mejor película extranjera para Roma (que también estaba nominada como Mejor película). Y si bien la relación de esa firma con los festivales internacionales -especialmente Cannes- es conflictiva en el campo de la exhibición y la competencia por Palmas varias, las cosas son más relativas. Netflix ha comprado muchas de las grandes ganadoras de Cannes para su plataforma. De hecho, la manera como muchos verán la Plama de Oro Parasite, de Bong Joon-ho, será allí. Eso por un lado. Por el otro, Roma misma ganó Venecia en 2018. Y por último, Netflix presentó en Toronto varios títulos que los especialistas ven como competidores de peso para los Oscar, como Dolemite is my name -la comedia biográfica con Eddie Murphy que acaba de estrenarse en la plataforma-, Marriage Story, de Noah Baumbach; Los dos Papas, sobre la relación entre Benedicto XVI y Francisco, de Fernando Meirelles, y uno de los puntos fuertes del año, The Irishman, de Martin Scorsese.

Las salas usadas sólo para cine caro generan un enorme problema de audiencias

Disney quizás no pueda apostar a los Oscar con sus productos de streaming, pero arma su marketing y su estrategia de difusión "como si" tuvieran estreno en salas. Eso fue la avant premiere en Los Angeles de la versión "con animales reales" de La Dama y el Vagabundo, contenido estrella de Disney+. Y dados los resultados de dos de sus tanques en el año (Dumbo y Maléfica: dueña del mal), es posible que una parte importante de ese desarrollo vaya al SVOD, combinando con la difusión al estilo de los estrenos cinematográficos. Algo similar ocurre en las otras compañías cuando se trata de películas.

Tanto Netflix como Disney utilizan salas para apoyar lanzamientos para plataformas

Lo que se deduce de estas estrategias es que una parte muy importante del cine de presupuesto medio poco a poco tenga como destino central las plataformas. Por cierto, es algo que está ocurriendo y en ese sentido, nuevamente, Netflix es la firma que marca el camino. La mutación del cine en salas hacia un formato puramente espectacular, con lanzamientos limitados de otros productos más -hay que encontrar un término aunque no sea exacto- "adulto" es el más que probable futuro del cine, al menos como lo entienden los productores industriales más grandes. Probablemente esto genere más oportunidades a los cineastas, pero también empobrece la experiencia en sala, que enfrentará otro desafío: tener solo películas demasiado grandes y caras que no siempre la audiencia quiera ver. Ese conflicto, ya visible en muchos territorios (la Argentina es un ejemplo) es el que viene.

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