Dos indicadores importantes permiten imaginar que el negocio internacional del cine está a punto de volver a los niveles pre-pandemia. El pasado fin de semana se estrenaron dos "tanques": Venom 2 (en los Estados Unidos) y 007 Sin tiempo para morir (en otros mercados, sin China y sin los EE.UU.). El primero recaudó en su país de origen más de 90 millones de dólares y es el mejor lanzamiento del año; el segundo, sin los dos territorios más importantes, 119 millones de dólares. Ambos pertenecen a franquicias (Venom se liga en algún punto al Universo Marvel, aunque pertenece -como Spider-man- a Sony) y Bond es la serie actual más longeva. Ninguna de las dos tuvo estreno simultáneo en plataformas de ninguna clase.

Esto favorece la audiencia en salas, pero de todos modos el verdadero test para ver si esto es una tendencia o si estas películas "que triunfaron" lo hacen por ser parte de una franquicia. Por eso el mercado está muy atento a los futuros estrenos de Duna (el mayor durante octubre, que además va a tener una salida en los EE.UU. vía HBO Max), Ghostbusters-Afterlife (relanzamiento de la franquicia) y, en diciembre, Matrix-Resurrections. Es cierto que todos tienen un background de conocimiento muy grande detrás, pero no forman parte de la serialización que implican los personajes de comics, por ejemplo.

Hay algo más: Venom 2 tuvo mejor promedio de críticas (58% en Rotten Tomatoes contra 30%) que la primera entrega, pero aquella había recaudado, de todos modos, 856 millones de dólares globalmente. Es decir: el "factor franquicia" es poderoso en estos casos. Sucede que la mayoría del público de esta clase de películas pertenece a un conjunto demográfico que no ha sufrido tanto el embate del Covid-19 y tiene menos miedo de ir a los cines. Eso explica también, en parte, el fracaso de Cry Macho, de Clint Eastwood: su público, más adulto, todavía tiene miedo de ir a las salas. Entre ese hecho y el estreno simultáneo en HBO Max, se comprende bastante bien por qué es el primer fracaso comercial del realizador en por lo menos tres décadas.

¿Qué queda? Probablemente se cumpla la profecía anterior al virus más rápidamente: que las salas solo convocarán adolescentes y proyectarán espectáculos fantásticos de marcas previamente conocidas, sea de cómics, juguetes, libros u otras películas. Los próximos meses, con la temporada de premios ya encima, serán cruciales para entender cómo seguirá el cine.

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