Los momentos más felices de un festival que se caracteriza por el modo en que dialoga con su propia comunidad, con el compromiso con el que la ciudad lo vive, son posiblemente las trasnoches dedicadas al cine de género y de terror. La sección Midnight madness tiene su epicentro en el Ryerson Theatre, enorme sala de la universidad Ryerson, en donde las funciones de medianoche son un espectáculo aparte. La mayoría del público es joven aunque hay de todas las edades; y no faltan quienes acuden disfrazados ni los globos gigantes. A eso de las 23 de cada día, las inmediaciones de la Universidad se pueblan de gente que, paciente y prolijamente, hace colas de hasta 6 cuadras de extensión. La espera vale la pena: el TIFF ha sabido entender que existe un público muy fiel para el cine de terror; y cuando piensa en género sabe escapar de los de las definiciones inamovibles y de las fronteras claras.

El espectáculo vivo, la "movida" tiene lugar en las trasnoches, pero la sección se programa durante todos los días también en las otras 26 salas de la muestra; la oferta es muy diversa y heterogénea. En un cine tan afecto a las sagas, remakes y reboots, dos películas que supieron marcar nuestras vidas en tiempos en los que, VHS mediante, descubríamos o recuperábamos todo aquello que no habíamos podido ver son objeto de una nueva mirada: Depredador (1987) y Noche de brujas (1978). La primera, que tuvo su génesis en la época de oro de los héroes de acción con Arnold Schwarzenegger como protagonista tuvo sus secuelas y hasta su cruce con la saga de Alien; la segunda, obra maestra del genio John Carpenter, también supo de distintas entregas. Ahora Depredador vuelve de la mano del director Shane Black,(guionista de Arma Mortal y El último héroe de acción; director de Iron Man 3 y Dos tipos peligrosos). La nueva versión tiene mucho más humor, pero la acción, en la que no se abusa del digital (o al menos tiene un diseño más vintage, que prefiere la sensación física a la perfección satinada) funciona muy adecuadamente. Halloween en su versión de 2018 ha quedado en las manos de David Gordon Green (Experta en crisis), pero Carpenter participa como productor y, por supuesto, en la música; además la inoxidable Jamie Lee Curtis vuelve a ser de la partida.

La heterodoxia es la esencia de esta sección, en la que conviven el musical de Gaspar Noé (Climax), la nueva apuesta al terror más básico y primal tras The witch (The wind, de Emma Tammi), la hammeriana y hermosa nueva película de Peter Strickland (In fabric, con un vestido rojo asesino) y una historia en la que Portugal pretende clonar a su jugador de fútbol estrella y separarse de la Unión Europea (Diamantino, salvaje parodia sobre la figura de Cristiano Ronaldo). El lugar común que refiere a los "amantes del género" debería hacerse cargo de esta feliz poligamia.