Pasaron los Globos de Oro y confirmaron un cambio de paradigma audiovisual. La Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood no tuvo problemas en premiar como filme extranjero la producción de Netflix Roma, y dar el premio de mejor dirección a su realizador, Alfonso Cuarón. Esto es capital a pocos días de conocerse las nominaciones a los Oscar, y demuestra que el negocio está terminando de acomodarse a las nuevas alternativas de distribución y exhibición provistas por la revolución digital. Si faltaba un paso, era un premio más o menos importante y entrar con pie firme en la Academia.

Hubo otras novedades. Ejemplo: la abundancia de creadores de comedia entre los nominados e incluso los ganadores. Que Green Book, con Viggo Mortensen y Mahersala Alí se llevara también el principal del género o que Vice estuviera nominada, habla de un cambio de guardia. La primera es de Peter Farrelly, hermano de Bobby, con quien dirigió Irene, yo y mi otro yo, Loco por Mary o Tonto y retonto. Vice es de Adam McKay, el creador de El reportero, Ricky Bobby o Policías de reemplazo. Es raro ver a estos señores, siempre al margen por hacer reír, en el centro de la escena, pero sucede. Es otro cambio importante, aunque quizás menos notable porque los filmes que han hecho son más "serios" que la media de su producción.

Y finalmente, Hollywood quiere volver a premiar lo que gusta al público, cuando las entregas de premios -grandes negocios- están en crisis justamente por eso. Eso explica el premio a la patizamba pero amable Bohemian Rhapsody o a su protagonista Rami Malek. Los Globos de Oro auguran la necesidad de volver a seducir al público. Ahora veremos si eso cuaja en los Oscar.