Ayer por la mañana se dieron a conocer las nominaciones para los Globos de Oro, esos premios que justifican la existencia de algo llamado "Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood", y que el lugar común señala como el pre Oscar. En general es cierto que del puñado de películas nominadas para estos galardones con cena (donde, a diferencia de los Martín Fierro, todos escuchan atentamente los discursos de los ganadores) están las de los Premios de la Academia. Y este año la tendencia es más espectacular y estelar que en años anteriores. Ahí están Spielberg, Tom Hanks y la vitalicia Meryl Streep nominados por The Post; Hugh Jackman por el musical The greatest showman, o Steve Carell por La Batalla de los Sexos (película que, créase o no, se estrenó hace poco en Argentina). Hubo sorpresas (nominaciones principales para la comedia negra y social ¡Huye!) y olvidos raros.

Todos creían que -por fin, un poco sincerando a Hollywood- una película de superhéroes, especialmente una hecha y protagonizada por mujeres además elogiada por la crítica, como Mujer Maravilla iba a ser reconocida. O que la actriz y ahora directora Greta Gerwig, por su genial Lady Bird, sería nominada (sí como guionista). O que la comedia romántica independiente The big sick podía aparecer por allí. No, para nada. Sigue siendo club de chicos y de gente seria.

Pero lo interesante es que, después de algún tiempo rechazando el espectáculo, este ha vuelto. Dunkerque, The greatest showman, The shape of water (la fantasía de Guillermo del Toro que sorprendió a Venecia) están allí. No hay una Monnlight este año, lo que puede anticipar que los Oscar no cometan errores.