Un artículo de Variety da cuenta de que la última entrega de los premios Grammy, llevada a cabo el pasado domingo, tuvo muy bajo rating. De hecho, en el sector demográfico clave de 18 a 49 años (la mayoría de los televidentes de esta clase de eventos) la caída fue de un 25% con respecto al año pasado. La mayor caída había sido de 2012 a 2013, pero eso es porque en el primer año la entrega coincidió con la muerte (un día antes) de Whitney Houston y los ratings fueron extraordinariamente altos; es decir, en términos absolutos, 2012 había sido una excepción y 2013 había seguido el mismo promedio de audiencia desde el primer año del siglo. Lo que pasó el domingo fue realmente extraordinario.

El público joven mira estos eventos para conversar sobre ellos en las redes sociales

El artículo, por otro lado, prevé con mucha probabilidad que sucederá lo mismo con los premios Oscar, que vienen perdiendo audiencia, aunque el año pasado con las nominaciones de La La Land y la conducción de Jimmy Kimmel parecía haberse recuperado un poco. Claro que la confusión con el premio mayor de la noche ha minado la credibilidad del asunto, pero también -una de cal, una de arena- es probable que mucha gente sintonice para ver otro fallo.

De todos modos, el problema central es el siguiente: ¿tienen sentido las televisaciones de las entregas de premios? No la transmisión: la audiencia total crece. Lo que decrece es la cantidad de personas que ve estos eventos en la televisión. Porque se han transformado también en grandes motores de interactividad global en las redes sociales. Por lo que muchos televidentes deciden seguirlo online para poder tuitear o reaccionar desde su computadora o desde dispositivos móviles. Más que el atractivo de ver a la crema del pop o de Hollywood reaccionar en vivo por premios o bromas, el verdadero imán contemporáneo para estos eventos consiste en la interactividad que proponen. Basta ver cómo lo que va sucediendo en las entregas se convierte casi de inmediato en TT de Twitter o sobrepuebla Instagram.

La mayor parte de la audiencia hoy se concentra en la web y vía dispositivos móviles

Por eso es que la caída clave es en el nicho demográfico citado: son los que están abandonando la televisión tanto de aire como de cable para optar por el on demand o el uso de Internet para cubrir las horas de ocio. En los Oscar, además, las películas nominadas, incluso si hay títulos más o menos exitosos, no incluyen blockbusters, el gran consumo de ese sector del público. Mientras que en los Grammy triunfa Bruno Mars. Esa diferencia también permite pensar que estos premios han perdido atractivo salvo para tuitear sobre ellos. Se verá el número final después del 4 de marzo, pero no hay demasiado optimismo.

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