Pasaron los Martín Fierro de cable 2021. Pasó, pues, la gran -y única- celebración de la televisión desde 2019, con la pandemia en el medio. El dato numérico es que Crónica HD se llevó seis premios, incluyendo el Oro de 2020 (Nat Geo por Bios se llevó el Oro de 2019).Pero también pasaron otras cosas. No hubo grandes discursos ni tomas de posición política; ninguna frase altisonante. En cierto sentido, también fue lo de menos quién se llevaba cada premio. Que todo estuviera bastante equilibrado, que nadie arrasara, fue parte del asunto. Se trató, por un lado, de un reencuentro con algo que fue la normalidad. De allí el aire de glamour, de fiesta, de gigantismo en ese Luna Park convertido en restaurante de lujo. Una manera de mostrar que algo está vivo después de casi dos años de hablar, todos los días, de la muerte.

Pero hay otras dos deducciones importantes. La primera: la centralidad del periodismo en tiempos convulsionados (y convulsivos). Es cierto: el cable argentino no es un dechado de ficciones, que solo aparecen en rubros como el infantil-juvenil. Pero también es cierto que la desproporción hacia el periodismo es enorme. El diagnóstico es simple: la televisión lineal ha llegado a su fin. No su fin en cuanto a estar terminada (lejos de eso) sino en haber cumplido el objetivo del mito fundante de la televisión: mostrar lo que ocurre en el momento en el que ocurre. De hecho, el Martín Fierro al programa de Crónica HD Tiempo Real, donde se edita mucho menos de lo que se muestra, y las palabras de los programadores de la señal al recibir el Oro respecto de mostrar el hecho en crudo, son claves. No solo periodismo, no solo la especulación sobre lo que pasará o la explicación sobre lo que pasa, sino lo que pasa. La TV no nació para "hacer cine", aunque lo hiciera con las series; ni para "hace teatro", aunque creara la telenovela. Nació como un dispositivo para ver lo que no podemos ver.

Queda una segunda deducción. Es cierto: todavía no tenemos fecha para los MF de TV abierta, pero basta hacer un poco de zapping (hoy, Internet mediante, práctica a punto de jubilarse) para descubrir que el nuevo espectáculo exitoso es el reality, y que de allí saltamos al cable para ver noticias o deportes. Que el aire es una especie de paliativo ante la realidad, pero cada vez menos efectivo. Quizás fue solo el afán de fiesta el que mostró un lujo poco frecuente en los premios de cable, pero es mejor pensar que el meridiano -aunque solo temporalmente- hoy pasa por esas señales y no por las tradicionales. Veremos cómo evolucionan los MF digitales de aquí en más. Estos premios fueron, ya, una prueba de que el ecosistema es definitivamente otro.

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