Hablamos ya de los Oscar, pero hay más cosas por decir El asunto más importante de este año era cómo quedaba posicionado Netflix y si podía llevarse el Oscar mayor, pero como saben, eso no pasó. Lo raro es que Roma, de todos modos, logró varios éxitos. En primer lugar, tener diez nominaciones. Luego, que una película de SVOD estuviera nominada para Mejor Filme. Más el hecho de que fue el primer Oscar para México (para que se entienda la comparación: el cine mexicano ha tenido más peso que el argentino, desde los años cincuenta, en el mercado hispanoparlante -sobre todo en los EE.UU.- y la Argentina tiene dos Oscar y cinco nominaciones más), la primera vez que un director gana también como realizador de la fotografía, etcétera. Pero es evidente que los ocho mil miembros de la Academia todavía piensan, en general, en el negocio de exhibición en sala como el tronco de la industria y, como señala Variety en un artículo de fondo publicado ayer, consideran que un voto por Roma era un voto contra el negocio.

Parte de la industria ve un voto por Netflix como un voto en contra del negocio actual

Pero algo que no se dice es que hacía mucho tiempo que los estudios grandes no ganaban tantos premios respecto del total de categorías. Combinados y gracias a Bohemian Rhapsody, Green Book, Nace una estrella, El primer hombre en la Luna y Pantera negra, los "grandes" se llevaron 13 de las 21 categorías por las que podían optar. Eso equilibra bastante las cosas, especialmente cuando es claro que Netflix -y el SVOD en general- se han convertido en players importantes en los premios (lo que, dicho en el idioma que importa, implica ser players importantes en el aparato de marketing y difusión global). La tensión más importante de estos premios consiste en saber qué es lo que desea la industria más importante -aunque no ya la más grande- del audiovisual, porque eso genera tendencias universales.

En primer lugar, hay algo de la corrección política que queda claro en el show, y que lleva como consecuencia a que haya menos tensiones en las contrataciones -y en el trato igualitario a la hora de las paritarias-: hubo trece mujeres premiadas y récord de afroamericanos, las dos minorías por las cuales más se ha peleado en los últimos años. Lo que no implica que haya habido, por ejemplo, directoras mujeres. Y hubo más foco en el espectador: salvo el premio de actriz de reparto para Regina King por If Beale Street Could Talk, la diferencia en nominaciones con los Independent Spirit Awards fue más marcada -y más pro mercado- que en años anteriores. Los Oscar, como siempre, son síntoma de la industria. Y queda claro que está en etapa de transición a un modelo totalmente nuevo desde lo humano y desde lo comercial.

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