Es probable que el asunto más relevante en el ámbito económico mundial sea la guerra comercial entre los Estados Unidos y China. Debajo de la tensión entre las dos naciones por aranceles y protecciones, están los empresarios. En algunos campos, la sinergia transnacional es de un peso demasiado grande como para que las imprudencias de la administración Trump pasen inadvertidas. Uno de esos campos, quizás el que más depende de la globalización, es el del cine y el entretenimiento audiovisual en general. Las nuevas batallas retóricas entre ambos países ponen en peligro la coproducción de contenidos entre americanos y chinos, pero no solo eso: también pone en peligro la posibilidad de que las películas estadounidenses lleguen al mercado de mayor crecimiento en ese campo. La comparación es simple: el cine suele crecer en todo el mundo entre el 1 y el 4% interanual. En China, la exhibición crece a un ritmo del 15% interanual. Y si bien hubo en los últimos años cierta desaceleración, en el primer trimestre de 2019 China fue el primer mercado de cine mundial (hoy es el segundo, obviamente detrás de los EE.UU.).

¿Por qué es importante China y quiénes pierden si no entran filmes americanos? China no solo es importante en cuanto a cine en salas sino que concentra el 60% del mercado mundial del SVOD. Además, Tencent y Alibaba son inversores gigantes en cine de gran presupuesto (la serie Misión: Imposible, por ejemplo, cuenta con mucho dinero de Alibaba). Sin embargo, China necesita menos a América que a la inversa. En efecto: es cierto que los grandes tanques de Hollywood (que integran el muy pequeño conjunto de películas extranjeras que se estrenan en ese país, apenas 34) hacen muchísimo dinero. Pero en ese mercado, este año la película más vista es The wandering Earth (que aquí se ve en Netflix) mientras que Avengers-Endgame quedó en segundo lugar. Es decir: el público prefiere las producciones chinas, que se realizan con capitales y formas muy similares a los grandes tanques americanos. Es decir: los más preocupados son los grandes productores de los Estados Unidos, porque necesitan la financiación china. Mientras que los chinos podrían sostener su mercado sin películas americanas. La importancia de la audiencia asiática puede graficarse así: mientras que Dark Phoenix fue un fracaso en los EE.UU. (ver nota en página opuesta), en China recortó parte de las pérdidas y arrancó en primer lugar. Mientras aparecen todos los problemas con los estadounidenses, el mercado chino busca material anglosajón -que tiene un público nutrido- en Gran Bretaña y Australia, lo que podría representar un empuje monetario para el audiovisual en esos dos países. El mercado chino no va a parar de crecer, se estima, en la próxima década. Y es cierto -además- que Hollywood tiene muy poca simpatía por Trump. Por ahora, los EE.UU. son los más débiles en la puja del cine, aunque no en alimentos, energía y manufacturas, el blanco de la administración Trump.

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