La semana pasada avisamos que esta implicaba la prueba definitiva de lo que sucedía en la taquilla argentina tras un febrero desolador. O bien la crisis económica comenzó a pegar fuerte en la venta de entradas, o bien el problema es mucho más profundo (y difícil). Es cierto que una crisis económica es difícil de solucionar, sobre todo en la Argentina, pero de algún modo, con el tiempo, el poder adquisitivo se recupera. O al menos puede hacerse, aunque no se haga: dado que esta columna no es sobre política, dejaremos esa discusión en manos de quienes saben mejor. El problema de la taquilla argentina es mucho más profundo: depende, como la de demasiados países periféricos, de un tanque para que las recaudaciones estén en buen nivel porque el público masivo, con los años, ha sido llevado solo a ver eso. Es un problema de educación en varios niveles y afecta sobre todo a las últimas tres generaciones, que son quienes van a sostener el negocio en el futuro... si se sostiene.

Efectivamente, el tanque Capitana Marvel arrasó en la taquilla con casi el doble de espectadores de lo que la semana pasada hicieron todos los cines juntos. Llenó funciones, de hecho. Previsible, por cierto aunque, dado el tema "película de superhéroes protagonizada por mujer" (que en los EE.UU. generó una hola de críticas misóginas notable contra el filme), quizás podría haber sido menos. Pero todo salió según lo previsto (de hecho, la película tuvo 508 pantallas, mucho más de la mitad de todo el país) y elevó la cifra total de espectadores llenando incluso las funciones más caras. Sumó más de diez veces el segundo puesto, que mantiene Green Book. Pero -curiosidad o no tanto- no llegó a los 1.000 espectadores promedio. Dado el tamaño de los desembarcos masivos, es un número bastante difícil de conseguir.

El problema es mucho más profundo -y de difícil solución- que la crisis económica

¿Qué implica esto? Que si no hay un espectáculo de esta magnitud, si no es de marca conocida, si no tiene una campaña de prensa poderosa y más de 300 pantallas, no hay película que altere el negocio. El cine no se sostiene en los cinéfilos o los especialistas, sino en el público que lo elige como entretenimiento sin tener una formación especial en él. Tampoco en los fans (vean cómo una película como DragonBall, que alteró de modo casi innatural la taquilla de enero, se disolvió rápidamente), sino en lo que llama la atención de ver en pantalla grande. La concentración que se acentuó ante el silencio (a veces, el aliento) oficial en los últimos 20 años generó un público que solo va a ver este tipo de espectáculos, en lugar de incentivar la curiosidad por otro tipo de películas que, sin dejar de ser masivas y comerciales, carecen del elemento "espectacular-sensorial" de estas.

En fin, la taquilla mostró un retorno al top ten de Nace una estrella, a la que le alcanzaron poco más de 3.000 espectadores para entrar al último puesto de la tabla, y tuvo una segunda novedad del jueves entre lo más visto, el drama biográfico y judicial La voz de la igualdad, que entró en el octavo puesto con un promedio que, teniendo en cuenta que no tuvo todas las funciones del día, no estuvo mal para una película en las antípodas del mega tanque. Enseñanzas: el cine -pasó en 2002, pasó en 1990- sobrevive a las crisis económicas pero no a las educativas. Y Capitana Marvel abre el camino para que Avengers: Endgame rompa todo a fines de abril.