El Universo Marvel está entrando en una etapa más bien barroca, esa donde se cita constantemente a sí mismo en forma de espiral. Hasta ahora esa espiral es cómica, lo que no implica que siempre cause risa. Thor: Ragnarok es una especie de comedia libre donde lo que importan son las situaciones reideras, disfrazada de gran épica.

El problema es que hay una tensión evidente entre lo que quiere el director y lo que mandan los productores, que quieren “gran épica”. Si Thor fue un personaje un poco inocentón pero en general “serio”, aquí es algo así como el superhéroe musculoso que habría interpretado Ben Stiller, y todos los demás actores están en sincronía. ¿Funciona? A medias.

En muchos casos el diseño aplasta el humor; en otros, pasa lo contrario. Cuando se acierta, la cosa funciona (el subtitulado no le hace justicia a los diálogos, dicho sea de paso). Autoparodia lúdica, y poco más.