Además del público de la televisión de aire, el de los cines también disminuye, y sucede en casi todo el mundo. Este año, en el mayor mercado -EE.UU.-, la venta de entradas cayó un 2,3% y el mismo porcentaje se repitió en la mayoría de los territorios más significativos (incluyendo Argentina, que lo es no por su tamaño sino por la calidad de los espectadores). Es simple: gran parte de las salas permanecen vacías, salvo en ciertos horarios para ciertos tanques en estreno. Por otro lado, los complejos tienen mejores ganancias gracias a comidas y bebidas -que dejan un margen muy superior que las entradas-, pero necesitan de las películas para vender pochoclo. El gran problema consiste en que las entradas, en todo el mundo, son cada vez más caras, en paralelo al crecimiento de los costos de producción de los blockbuster. En EE.UU., por ejemplo, la entrada promedio ronda los u$s7, aunque en algunas ciudades pasa los u$s10 (en Argentina post 2001, el ticket siempre bordeó los u$s5). La noticia: MoviePass logró superar el 1,5 millón de suscriptores. Y MoviePass es la manera en que los cines de aquel país y Canadá están reencontrando sus salas llenas.

¿De qué se trata? Es un servicio de suscripción por el cual, por una tarifa mensual de u$s9,95 (aunque de acuerdo con la ciudad puede ser más) permite al suscriptor retirar una entrada por día para la película que desee en los cines asociados. Y si bien esto implica un pago de "cero" cada vez que va a las salas (aunque paga la suscripción mensual), el cine recibe el pago completo de la entrada. Aún no está disponible para 3D o IMAX, pero es probable que tome también ese mercado en breve.

El sistema funciona como las pólizas de seguros o las prepagas: no todos los suscriptores van al cine todos los días. Así, el fee mensual permite pagar las entradas consumidas y generar ganancias. Todo se maneja con una tarjeta que se presenta en las taquillas y una app para celulares que permite el ingreso en las salas. Lo interesante es que, además, como muchos asientos quedan vacíos en cada función, MoviePass ayuda a que se ocupen y le provean a las salas una ganancia extra.

De funcionar -y las cifras de sucriptores permiten pensar que así es-, podría volver a incrementar el público en salas, que se animaría a tomar riesgos dado que, después de todo, tiene una entrada disponible cada día para cualquier película. Sin contar el beneficio lateral de que se incrementa el público consumidor de comidas y bebidas.

Pero los exhibidores no están demasiado contentos: creen que si el público se acostumbra al descuento, deberán bajar los precios de las entradas. El mayor problema en todo caso consiste en cuál es el tamaño de la masa de suscriptores para que el modelo de negocios sea sustentable. En cierto modo, es un subsidio privado a las salas, y los grandes conglomerados no quieren depender de una tercera empresa, que por otra parte no está asociada a ellos. Quizás sea el principio de un cambio de poder, y eso es, para el negocio tradiconal, temible.