Otra vez Netflix es noticia. En el tercer trimestre de 2018, el gigante del SVOD marcó un récord en cuanto a ofrerta de contenido original y sumó en sus servidores 676 horas. Lo que implica el doble de lo que tenía en el tercer trimestres de 2017 (289 horas) y un 50% que en el trimestre pasado (452 horas). Las estadísticas fueron difundidas por la firma consultora de Wall Street Cowen & Co. y publicadas por Variety ayer.

Es cierto que la cantidad de contenido original no es de ningún modo una medida de calidad. ero según estudios realizados por la propia Netflix, más contenido original provoca mayores suscripciones y menos fuga de suscriptores. Al menos por ahora, la estrategia de apostar muchos recursos -y la billetera de Netflix es de las más poderosas de las empresas de entretenimiento actuales- a tener contenido propio está resultando exitosa.

Netflix además tiene algo que otros SVOD no tienen: capacidad para instalar marcas y publicitar sus contenidos del mismo modo que lo hacen las grandes majors de Hollywood para sus tanques. También aquí pesan los ingresos de la fi rma, así como su presencia global, lo que permite una coordinación casi perfecta entre lanzamiento y posicionamiento. En eso está unos pasos adelante respecto de las empresas dedicadas especialmente al cine.

En el tercer trimestre de 2018 mostró un crecimiento del 100% interanual

Es importante tener en cuenta estos números y la tendencia al “original”. En cierto sentido, lo que Netflix están haciendo es reconstruir el viejo sistema de estudios que tuvo Hollywood hasta finales de la década de los años cincuenta. En ese entonces, cada estudio tenía no solo la producción de películas, sino también su aparato de distribución (no aún global, por cierto) y sus salas de exhibición, hasta que a fines de los cincuenta una sentencia judicial antimonopólica los obligó a desprenderse de estas últimas, lo que les impidió garantizar el estreno de sus productos. Pero la vía digital y su crecimiento, más la penetración transnacional que permite, hicieron que las empresas de contenidos pudieran pasar por encima de estas restricciones. Netflix tiene no solo la producción, sino también la distribución y la exhibición, concentrando las tres patas fundamentales de la difusión audiovisual.

La apuesta a contenidos propios implica, también, fijar una marca. Todavía, como se dijo, no se cuestiona realmente la calidad de esos contenidos: solo el hecho de la disponibilidad, la idea de que por un precio fi jo el usuario tenga mucho de nuevo para ver. Sin embargo, este será, probablemente, el eje sobre el que gire la competencia en este campo desde 2019, cuando Disney y otras majors lancen sus propios sistemas.