Netflix buscará U$S2.000 millones más en los mercados a través de deuda emitida tanto en dólares como en euros. Con ello, llegará a U$S15.000 millones en recaudación para la producción de contenidos, la principal preocupación de la firma más importante de streaming on demand hasta ahora. Esto implica un incremento en deuda respecto de los últimos años, donde de todos modos la cantidad de dinero destinado a filmar ha sido siempre creciente.

Las razones no son demasiado secretas: con la llegada en pocos días de Disney+ y Apple TV Plus, más el arribo en el transcurso del próximo año de plataformas similares a cargo de Warner (HBO Max), Viacom (Paramount+), Peacock (NBC), etcétera. La mayoría de estas firmas tienen una fuerte biblioteca de contenidos propios y, además, tiene marcas propias muy fuertes. Netflix, con menos tradición en la creación de contenidos, está instalando las suyas ( House of Cards, Orange is the new Black o Stranger Things son "marcas" que le pertenecen) al tiempo que las demás firmas "cierran" sus propios contenidos para las plataformas que poseen. Dicho de otro modo, no más Pixar en Netflix cuando Disney+ tenga el alcance territorial de la firma del logo rojo, y lo mismo sucederá con otros contenidos estrella.

Cuando se lance a fondo la competencia, Netflix necesitará posicionar más sus marcas

Ahora bien: hay que analizar la estrategia de Netflix. En primer lugar, siguió la estela de HBO en cuanto a posicionar series para el "binge viewing" ("maratonear", en traducción poco exacta pero de igual sentido), y el sistema lo permite con creces. Eso movió a los competidores (otra vez, especialmente a HBO) a un cambio central en el modo en que se conciben las ficciones televisivas. Hoy Netflix sigue lanzando series y es muy buena en el campo del marketing (lo prueba el notable éxito de Stranger Things). Pero también es importante lo que hace en el campo del cine de mediano presupuesto. No solo apuesta por autores y nombres que pueden darle lustre en el campo expresamente cinematográfico -lo logró el año pasado con el Oscar extranjero a Roma-, sino que además dispone de una política de estrenos que combina salas y streaming. Hoy acaba de estrenar La lavandería, película se Steven Soderbergh protagonizada por Meryl Strep y Gary Oldman, que además -tras paso por Toronto- se posiciona para la temporada de premios. Y lo mismo sucederá a finales de noviembre cuando, tras un breve paso por salas, suba a su grilla The Irishman, el último trabajo de Martin Scorsese protagonizado por Robert DeNiro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel. Son películas de presupuesto grande que hoy Hollywood no está dispuesto a financiar para salas, y paralelamente son para un público adulto que se ve expulsado de los cines a medida que crece el entretenimiento infanto juvenil de gran espectáculo. La movida de captar más dinero emitiendo deuda permite concretar mucho más contenido de este tipo.

Una de las apuestas más fuertes de la firma es a los contenidos cinematográficos

Por cierto, es necesario además un plan para que los números empiecen a estar en negro. En Netflix, según informa Variety, consideran que los futuros contenidos alcanzarán su amortización en cuatro años a partir del mes de lanzamiento. Y que en tres la compañía comenzará a tener beneficios, aunque aún la empresa no ha pagado demasiado capital de sus deudas y los servicios alcanzan el 3,1% de los ingresos en el segundo semestre de 2019.

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