Netflix adquiere un predio de 2,5 ha -el estudio Pinewood Toronto- para incrementar su capacidad de producción en Canadá, donde había anunciado un plan de inversión de u$ 500 millones en cinco años que la propia firma hoy cree que va a ser ampliamente superado. De hecho, en esos nuevos estudios y oficinas se desarrollará la serie 10 after midnight, producida y dirigida por Guillermo del Toro, entre otras producciones, y creará unos 1800 trabajos directos. Es una buena noticia para la industria audiovisual canadiense.

Pero sobre todo es una enorme, buenísima noticia para Netflix. Canadá tiene una política de atraer inversiones con subsidios e incentivos fiscales. De hecho, está estableciendo pactos de producción en toda América (el INCAA argentino acaba de firmar un convenio para el desarrollo de materiales audiovisuales con empresas de ese país). Lo que implica que Netflix puede producir con buenos incentivos financieros.

Hay otra razón: la firma invierte en producción local porque sabe -algo que siempre supo Hollywood, además- que sin un star system o un mercado local es muy difícil colocar productos extranjeros. Pero hoy eso es mucho más complejo que en los tiempos no tan lejanos en los que los cines tenían solo " Hollywood más cine local". Apostar a un contenido local pero hacerlo en el marco de un estudio que además tiene su propia red de exhibición implica que esos productos tengan la capacidad de volverse globales. Netflix, que produce y tiene oficinas y facilidades en varios países además de Canadá y, por supuesto, los Estados Unidos, está incrementando la creación de materiales que puedan volverse atractivos en todos los países donde opere. Y además que le sean propios.

Es decir: Netflix está creando un tipo de contenidos propios que no necesita venderle a nadie, a diferencia de los grandes estudios, que incluso cuando instalan sus propias oficinas de distribución fuera de su país de origen -lo que sucede en la Argentina desde la década de los años noventa-, sí tienen que convencer a los exhibidores de proyectar sus películas. Netflix no requiere de eso: solo de convencer al público de optar por su servicio. Ese lazo directo requiere de dos cosas: un contenido local de calidad para cada uno de los países en los que se encuentra presente y la capacidad de que esos mismos contenidos atraviesen fronteras. Y si se realizan bajando costos -cada vez estos suben más por la propia competencia en el área-, mejor. De allí que abra operaciones en mercados donde la intervención del Estado en el audiovisual es grande y constante. El modelo es nuevo y Netflix es el primero en aprovecharlo.