Veamos: 2018 fue el mejor año de Netflix. La compañía vale más que Disney y Viacom, unos u$s151.000 millones. Terminó el año con 118 millones de suscriptores en todo el mundo y agregó 730 horas de contenido original. Es capaz de gastar u$s130 millones en producir la temporada de una serie (eso salió la primera de The Crown), y sus ejecutivos están de acuerdo en gastar hasta u$s20 millones. También es cierta otra cosa importante: la agresiva tendencia a crear contenido le genera problemas de flujo de caja: en estos momentos, tiene un rojo de u$s2.000 millones. Pero al mismo tiempo, los nuevos mercados abiertos en este año le dan un ingreso mensual de u$s65 millones, y la firma calcula un crecimiento interanual del 39%. El mejor de los mundos para la firma, que además todavía recibe ganancias por el alquiler de material físico (ese fue el primero de los negocios antes del streaming) que le da unos u$s450 millones anuales, nada mal. Tiene 6.000 títulos en biblioteca (no, amigos, no los busquen en la Argentina, uno de los mercados con bibliotecas más restringidas) y es imposible acceder a los archivos de otros países porque la firma bloquea los VPN (esto es por el complejo panorama de derechos, que a veces están disponibles en un país y a veces, no). Mientras, anuncia que seguirá gastando más de u$s8.000 millones anuales en crear contenido exclusivo.

Los números son vertiginosos. Hace muy poco, y por primera vez, Netflix dio un número de audiencia (que nunca quiere liberar): 45 millones de personas vieron en menos de diez días el thriller de terror Bird Box, protagonizado por Sandra Bullock, lo que en cine equivaldría a una recaudación global de más de u$s400 millones (la entrada promedio global ronda los diez dólares). ¿Por qué? Bueno, hay un pequeño problema que se va a agravar en los próximos tiempos durante este mismo año: gran parte de la audiencia de Netflix va a contenidos de terceros, y muchos de esos serán retirados de la plataforma en breve (hola, Disney). Por lo tanto, la única estrategia posible para la firma es crear valor y marca creando las propias. También sucederá lo mismo, más temprano que tarde, con los contenidos de Viacom y de Warner: ejemplos claros son las series de Cartoon Network -Warner- y de Nickelodeon -Viacom- que están en las grillas. La única posibilidad que le queda a Netflix es convertirse literalmente en un gran estudio de Hollywood a la manera de los años treinta y cuarenta. Y tiene una ventaja: "primereó" en la creación de tecnología.

En diez días se conocerán los nominados a los Oscar. Netflix tiene una enormísima posibilidad de entrar con una película entre las favoritas, Roma, que se acaba de ganar los Globos de Oro para película extranjera y el definitivo de Mejor director para Alfonso Cuarón, quien ya lo había ganado por Gravedad. Si Roma, como muchos predicen, se lleva al menos cuatro premios de la Academia -alguno incluso central-, Netflix será considerada otra major. Y las guerras de producción del Hollywood clásico volverán, ya no como tragedia sino como farsa (digital).