Como sucede cada vez que termina octubre, Variety publicó la lista de películas con potencial para competir por los premios Oscar. Es la temporada de premios, pues, que arranca con lo que deciden algunas de las asociaciones de críticos y luego tiene, alrededor de enero y antes de los Globos de Oro, lo que premian los diferentes sindicatos de la actividad cinematográfi ca estadounidense. Son en general películas “de calidad”, lo que a esta altura del negocio implica que -salvo alguna excepción- no pertenecen a ninguna rama del género fantástico, no tiene (demasiados) efectos especiales, no son comedias, narran “grandes historias humanas” o históricas, están sincronizadas políticamente con el momento. Como nunca, en los últimos años la división entre el entretenimiento y lo que se supone que es el arte se ha acrecentado en cada entrega de premios.

Muchas contendientes al Oscar tienen más público en plataformas online que en cines

En la lista hay previsibles: The phantom thread, de Paul Thomas Anderson con Daniel Day Lewis; Wonder Wheel, de Woody Allen, con la ya candidata Kate Winslet (eso dicen los medios); The darkest hours, con Gary Oldman interpretando a Winston Churchill; Dunkerque, de Christopher Nolan, y varias más. Pero en ese selecto grupo, Variety incorpora Los Meyerowitz, y además otros medios aseguran que esa película podría darle a Adam Sandler una nominación como actor. Quizás al lector le sorprenda leer lo de Sandler -que casi gana la Palma de Oro como intérprete por Embriagado de amor-, pero la mayor sorpresa es que se trata de una película que no pasó por los cines y que todo abonado a Netflix, desde hace un par de semanas, puede ver en su casa.

Los Meyerowitz no obtuvo ningún premio en Cannes, donde compitió, porque el presidente del jurado 2017, Pedro Almodóvar, en una declaración polémica, dijo que sólo iban a premiarse fi lmes que pasaran por los cines, en medio de una disputa entre el Festival y los exhibidores franceses. La inclusión en la lista de “oscarizables” de una gran producción de Netflix cambia de algún modo las reglas de juego no escritas del negocio de los premios. También es un reconocimiento al cambio copernicano en los hábitos de consumo de los espectadores. Después de todo, gran parte de los fi lmes que terminan compitiendo por los premios principales, en los últimos años, han tenido mucho más público en ventanas hogareñas (el DVD, que aún tiene buen mercado en EE.UU., o el on demand en general) que en salas.