"Es controvertida, pero nadie está obligado a verla". Esa fue la respuesta de Reed Hastings, CEO de Netflix ante una pregunta relacionada con la serie 13 reasons why, de la que la firma de SVOD acaba de anunciar una tercera temporada (mientras la segunda acaba de estrenarse). Sucedió en una asamblea de accionistas a la que Hastings asistió vía videoconferencia. Uno de los presentes preguntó cómo iba a manejar Netflix un material que presenta una potencial controversia para un sector importante de los consumidores. El problema de 13 reasons... consiste en que trata del suicidio adolescente, y que algunos grupos conservadores y psicólogos temen que la popularidad de la serie lleve a otros jóvenes al suicidio. La respuesta de Hastings es bastante lógica, concedamos.

"Somos una firma de video on demand, por lo tanto quien no quiera ver la serie, no tiene por qué hacerlo", fue la respuesta. La segunda temporada del programa tuvo una enorme audiencia en su debut. Nielsen considera un estimado de seis millones de dispositivos conectados para ver el lanzamiento, mucho más que la mayoría de las novedades en general de Netflix pero apenas la mitad de la gigantesca audiencia del debut de la segunda temporada de Stranger Things. De paso: los números son siempre "estimados" dado que Netflix tiene la política de no dar a conocer las cifras de audiencia. La justificación: no vive de la publicidad, así que no es un dato relevante (mientras que los accionistas sí creen que es relevante saber dónde va el dinero y qué se produce con él).

La controversia por 13 reasons... es de larga data y proviene ya del original literario en el que se basa. En las últimas semanas, el grupo ultraconservador The Television Council, básicamente integrado por republicanos y miembros de la derecha religiosa, publicaron un texto donde acusa a Netflix de tener "potencialmente sangre de niños en sus manos por mantener esta serie en el aire, que los niños pueden ver".

Es interesante la reacción de Hastings y permite pensar cómo ha cambiado (de manera definitiva, por otro lado) el negocio audiovisual. En la era donde la TV de aire reinaba, era más que probable que un contenido de esa naturaleza o bien no tuviera ninguna viabilidad ni posibilidad de realizarse o, si pasaba por casualidad un filtro, hubiera generado despidos, pedido de disculpas y salida del aire del programa. Pero en la era del on demand esto es totalmente indiferente. Netflix puede sostener contenidos controvertidos o potencialmente polémicos porque depende básicamente del pago individual de cada suscriptor.

Es decir, la revolución digital también independiza a los creadores y distribuidores de contenidos de los grupos de presión o los lobbies fundamentalistas. Aún cuando el modelo tiene varios problemas (la concentración, por ejemplo), también tiene ventajas.