El pasado fin de semana, la llegada del tanque de Fox X-Men: Dark Phoenix permitía augurar buenas recaudaciones. Fueron buenas en términos bastante relativos. Sigue en el primer lugar Aladdin, con poco menos de 200.000 entradas vendidas y el estreno de la saga de los mutantes quedó en segundo lugar por encima de los 100.000. La concurrencia general estuvo alrededor del medio millón de espectadores. Los números no son del todo malos, pero de ninguna manera son extraordinarios. Mucho menos si se tiene en cuenta que la lista incluye una cantidad importante de tanques que no han rendido lo que debían. Por ejemplo, Godzilla II, que después de su segundo fin de semana no ha llegado a las doscientas mil entradas vendidas, cuando era del lote de títulos que podían levantar las recaudaciones. Pues bien, no funcionó y es difícil que sume de aquí en más.

No se trata de un problema económico sino de desaparición de audiencias

La argentina El cuento de las comadrejas sigue en el tercer puesto, y es posible que el boca a boca le permita permanecer en un lugar alto de la tabla algunas semanas más. Pero es evidente que no estamos en el mejor momento para las películas argentinas (algo similar sucedió con el filme de suspenso 4x4, de Mariano Cohn). Las causas son muchas y todas se resumen en las consecuencias de veinte años de creciente concentración en la exhibición cinematográfica. Los nuevos públicos masivos, los que comenzaron a ir al cine en la última décad y media, no buscan filmes nacionales ni alternativas alejadas del gran espectáculo. Antes de pensar que la crisis en los cines se debe al aumento en el precio de las entradas (en realidad es el rubro que menos ha sufrido los avatares económico de los últimos doce meses), es preciso ver qué sucede cuando aparece un filme como Avengers: Endgame (que se acerca, aunque ya con pocas probabilidades de cruzarla, a la barrera de los cuatro millones de entradas) o Aladdin, más allá de su calidad. Son películas que venden muy bien durante más de dos semanas, algo que contradice la idea de que es la inflación la que reduce el público.

No todo es pesimismo. Dolor y gloria, la gran película de Pedro Almodóvar, funcionó bien y se instaló en el quinto puesto de la tabla, un lugar más o menos conforme al peso que tiene el director en nuestro medio. Y en el décimo puesto de la tabla figura la película familiar francesa Mi mascota es un león, con más de 11.000 espectadores (y con varias funciones menos, dado que se trata de esos filmes que solo van en las sesiones de la tarde, más si, como en este caso, se estrena hablada en castellano), una performance más que digna para un título atp que no es un gran tanque. Es decir, quedan posibilidades para revertir la situación de las audiencias y recuperar algunas. Mientras tanto, se preparan los títulos grandes para vacaciones de julio (Toy Story 4, La vida secreta de las mascotas 2, etcétera) que seguramente levanten el promedio anual. Lo que reste de un año además electoral es una total incógnita.

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