Muchas veces se utiliza la palabra "propaganda" para indicar algo negativo. Lo es cuando se le aplica al periodismo, por ejemplo. No lo es tanto en otras circunstancias. Por ejemplo, decir que el cine de Fernando "Pino" Solanas fue, en gran medida, cine de propaganda. Probablemente el mejor cine de propaganda que se realizó en América Latina, por otro lado. "Propaganda", etimológicamente, significa "lo que debe ser propagado", y en el caso del realizador que acaba de fallecer, implicaba una especie de fe. Solanas fue un cineasta valioso y creativo, cuya obra es -debía serlo, en parte era su objetivo- totalmente discutible. Pero dejó unos cuantos retazos de belleza, perteneció a la elite mundial de los directores de cine, y permitió ver algunas cosas -sigue permitiéndolo- que podían pasar desgraciadamente inadvertidas. Por encima de todo, inventó formas. Que, cuando el tiempo pasa, es lo que cuenta.

Esta nota deja constancia que, gracias a él, se logró una Ley de Cine que impulsó una cinematografía que languidecía en 1994. Y la Ley de la Cinemateca Nacional, que todavía espera existir. Eso y su apoyo a los derechos civiles serán un gran legado político. Pero aquí queremos hablar de su cine. Solanas fue, sobre todo, un cineasta, y uno cuya influencia pasó, con mucho, las fronteras de su país.

Hoy una de las preguntas recurrentes es si se puede separar al artista de la obra. En el caso de Solanas, él mismo estableció la identidad entre el hombre (político) y la obra (estética). Para entender la estética de Solanas es necesario entender su visión ideológica, su forma -como todo argentino, a favor o en contra- todos tenemos una forma- del peronismo. Solanas era un peronista "clásico" que creía en el desarrollo a partir de la industria y el estado nacionales. Y creía en las formas audiovisuales como el mejor vehículo para transmitir ideas. En eso no se apartaba de lo que creían los revolucionarios rusos a principios del siglo XX ("De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante", dijo Lenin). Aunque Lenin usaba el cine para comunicar al más de 80% de analfabetos de la Rusia de su tiempo. Solanas hablaba a gente ilustrada y politizada.

Proveniente del cine publicitario, su estilo tiene tres ejes muy claros. El primero, la unión de una imagen a un concepto. No importa tanto el desarrollo de una "historia" como las imágenes como resumen de una idea, dejando de lado cualquier realismo. La segunda, el uso intensivo del montaje intelectual, donde la unión de dos planos disímiles obliga a pensar cierta idea. El tercero, el uso de todas las herramientas del gran espectáculo -especialmente teatral- a la manera brechtiana, que se note que se trata de un artificio. 

La hora de los hornos

Los dos primeros elementos son claves en la primera etapa de su obra, especialmente en La hora de los hornos (el filme que le ganó reconocimiento internacional y la amistad de cineastas tan disímiles como Jean-Luc Godard o Bertrand Tavernier), que es mucho menos un documental que una obra consciente de propaganda, montada sobre las ideas de revolución y liberación de aquellos años finales de los sesenta y primeros años setenta. Muchas de las ideas políticas de ese filme (la manera como trata a quienes gustaban del jazz, el rock o la música pop; la burla a las elites en un plano a Mujica Láinez, sin ir más lejos) hoy son anacrónicas y no pasan la prueba del tiempo. Pero el método, vertiginoso y siempre "pegando trompadas", frontal, es fascinante. Incluso para discutirlo.

Cine Liberación: Gerardo Vallejo, Solanas, Perón y Octavio Getino

Eran los años de Cine Liberación, el grupo que formó con Octavio Getino y Gerardo Vallejo, con quienes filmó a Perón en su exilio en España (es clave ver ese discurso gigante que es Actualización doctrinaria para la toma del poder) y, más tarde, de proyectar La hora..., Los hijos de Fierro y las entrevistas con Perón en locales clandestinos. El cine debía ser propaganda o no ser, para Solanas. Y eso llevó a una polémica con Glauber Rocha, coordinada por Jean-Luc Godard en Francia. Para Glauber, la mejor manera de llevar al pueblo a la toma de conciencia política era la ficción, el uso de géneros populares, las formas de su propia cultura cotidiana. Para Solanas, la acción política desde el cine debía hacerse desde lo documental. Fue una polémica rica, que hoy puede leerse con asombro: era respetuosa, entre personas cultas que, además, creían en la inteligencia de sus lectores. Obviamente, otros tiempos.

El exilio en 1976 en Francia le permitió depurar herramientas, aprender a filmar para el gran espectáculo. Aún así, realizó un bellísimo documental (uno de los mejores de su obra, por mucho) en ese país, La mirada de los otros, donde, lejos del vértigo frontal de sus anteriores trabajos, escucha a veinte discapacitados hablar de cómo viven esa diferencia con la "normalidad". Era también, de un modo más sutil pero mucho más efectivo, cine político, cine de propaganda. Pero también, por primera vez, el descubrimiento de -justamente- la mirada del otro como posibilidad estética.

El regreso a la Argentina

Tangos-El exilio de Gardel

En 1983, Solanas regresa a la Argentina, aún lejos de la actividad definitivamente política (a la que llegaría en 1993 con la fundación del Frente Grande). En 1985 realizó El exilio de Gardel, a la que denominó "tanguedia", una tragedia o comedia -en realidad, lo segundo- donde la música era indispensable para poder contar, a la manera de un musical con toques surrealistas, la experiencia del exilio en Francia, a través de las historias de los miembros de una familia entre los dos países. Fue una obra totalmente visceral, dinámica, alejada del montaje de atracciones. Solanas optaba por planos largos, comenzaba a experimentar con el plano-secuencia (a una acción continua se la seguía sin cortarla, sin optar por el montaje). 

Para El exilio..., contó con uno de sus grandes colaboradores, el músico Gerardo Gandini, y fue el autor de todas las letras de las canciones, que se volvieron icónicas. "Un país donde pueda ser yo, donde valga tu opinión aunque seas un ratón", es una frase que reflejaba perfectamente la esperanza de la democracia recuperada, necesario de recordar hoy cuando primero preguntamos desde dónde se dice algo antes de pensar si es válido o no lo que se dice. Una película imprescindible en tiempos de "cultura de cancelación", que en realidad no es otra cosa más que la cancelación de la cultura.

Siguió Sur, filme que compitió en Cannes y por el que ganó el premio al Mejor director en 1987. Aquí hay mucha metáfora ("papeles volando", decía el jurado de esa muestra William Goldman, que aborrecía la alegoría), pero también muchísima emoción con la historia de un preso político que vuelve al hogar, al amor de pareja. Todo en la película intenta unir un pasado y un presente, y aunque no falta el desencanto, sí aparece una esperanza moderada, que se refleja en la fotografía nocturna, el retrato de una Barracas anclada en el tiempo, en los tonos grises de la historia del hombre que regresa, y se compensa con la mirada sobre la juventud, colorida, llena de ritmo. Eso es lo que implica la unión de Roberto Goyeneche y Fito Páez como personajes marco de la historia central.

Su próxima película fue estrenada el mismo día en que lanzó su campaña política para ser diputado del Frente Grande, 25 de mayo de 1993. El cambio era previsible, pero fue empujado por tres hechos: el desencanto por la gestión de Menem, al que apoyó en 1989; la traición de este al privatizar las Galerías Pacífico (eran de Ferrocarriles Argentinos) y transformarlas en un shopping en vez del centro cultural latinoamericano que Solanas planeaba, y el atentado que sufrió en el que gente vinculada a la política le baleó las dos rodillas. El Viaje, su película más larga, narra la aventura de un adolescente recorriendo América Latina en busca de su padre, tiene momentos de humor ramplón, incluso de mal gusto, combinado con un cuento de iniciación, y está lleno de la rabia de Solanas. Eso explica sus excesos, por cierto, tanto como sus aciertos en el uso lírico del paisaje, algo nuevo en su cine.

Su última ficción fue La Nube, de 1997. Protagonizada por Tato Pavlovsky, es un poco un cuento autobiográfico (se narra, de manera modificada, la historia de las Galerías Pacífico) pero también es un cuento más reposado sobre un tema universal: la vocación artística, su legado y el paso del tiempo. Pavlovsky interpreta fragmentos de Rojos globos Rojos, uno de sus grandes textos; todo transcurre en una lluvia constante, y las alegorías no faltan. Vuelve a filmar esa Barracas tras las vías que se volvía protagonista en Sur, pero ahora transformada, convertida en algo gris y sin posibilidades. Es una película elegante, filmada con buen gusto, sin estridencias, llena de momentos bellos. Probablemente sea, aunque fue destrozada por la crítica entonces, su mejor obra de ficción.

El legado documental

Meorias del saqueo

Tras el estallido de 2001, Solanas, ya político a tiempo casi completo, comenzó a rodar una serie de documentales que tanto mostraban el costado más nocivo y feroz de las políticas del menemismo como un dejo de esperanza en la etapa posterior al gobierno de la Alianza, aunque también -se nota en sus filmes- pasó del entusiasmo al desencanto del gobierno de Néstor Kirchner al de Cristina Fernández. Algo importante -este texto no quiere hacer crítica política, aunque es difícil separar en este caso puntual- es que todo el cine de Solanas es una abierta autobiografía. Tanto expresa sus gustos como sus ideas, sus cambios, su relación no solo con el peronismo sino con todo el espectro político. Pero también -del paso del montaje vertiginoso al plano secuencia elegante- de su propio derrotero estético: de la mirada urgente a la distancia para entender mejor.

Las películas son denuncias, en general. Memorias del saqueo (2004) y La próxima estación (2008) son quizás las mejores de un ciclo que comprende también La dignidad de los nadies (2005), Argentina latente (2007) y La tierra sublevada (2009). Aquí hay un estilo quizás más próximo al periodismo, con testimonios y planos descriptivos. En algunos casos (Memorias..., que se llevó el Oso de Oro honorario en Berlín porque ese festival no premia documentales) usa también material de noticieros. Es la película que muestra el legado del menemismo con toda su crudeza, y lo hace de un modo al mismo tiempo feroz y honesto.

La próxima... habla de la destrucción de la red ferroviaria y de la esperanza de que se reconstruyera. Pero más allá del tema, hay un tratamiento del paisaje, del movimiento del tren, que son poesía pura, como si el político, finalmente, le volviese a dejar paso al artista conmovido por la belleza. Los planos largos de los pastos altos acariciando la locomotora están mucho más cerca de John Ford (aunque Solanas, decía, no había visto nunca cine americano -una mentira típica de cineastas: Orson Welles también mentía) que de la denuncia. En las demás se nota su gusto por mover las cámaras de modo elegante, por norma de un hecho u objeto al hombre o sociedad que lo hacen posible.

Solanas fue el primero en sistematizar para el cine las herramientas de la publicidad moderna, y si bien eso es muy discutible, también permitió un debate sobre el estatuto del arte, sobre su fin y sus modos, sobre la creación y su sentido. Más allá de lo que pueda pensarse de él como hombre de la política argentina, fue alguien importante que merece ser conocido, visto y -lo habría deseado absolutamente- discutido tanto ideológica como estéticamente. Aunque lo segundo siempre incluye lo primero.

Más notas de

Leonardo Desposito

Swallow: el terror y el suspenso bajo la perfección cotidiana

Swallow: el terror y el suspenso bajo la perfección cotidiana

El Museo Dalí de Figueres: ver arte dentro de una obra de arte

El Museo Dalí de Figueres: ver arte dentro de una obra de arte

Seguimos latiendo: el tango siempre está vivo

Seguimos latiendo: el tango siempre está vivo

El regreso del disco de oro del Voyager I: más allá y más acá del teatro

El regreso del disco de oro del Voyager I: más allá y más acá del teatro

Festival de cine de Mar del Plata: final con mucho para ver

Festival de cine de Mar del Plata: final con mucho para ver

Cortometrajes de Disney: experimentación y humor para todo el mundo

LORN_CM_3_89_REF2_ARIA.tif

Maradona en imágenes e imágenes de Maradona

Maradona en imágenes e imágenes de Maradona

Una verdadera película con amor por el cine popular

Una verdadera película con amor por el cine popular

Una película sobre redenciones y segundas oportunidades

Una película sobre redenciones y segundas oportunidades

Mujer Maravilla: la única superheroína cinematográfica de 2020

Mujer Maravilla: la única superheroína cinematográfica de 2020