En las últimas semanas, una tormenta sin precedentes de abatió sobre Hollywood y sobre una de sus tradiciones más incomprensibles pero redituables: los premios Globos de Oro. En realidad, el problema gira alrededor de la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood, que desde 1944 entrega esos premios y hace, bueno, muy poco más (sí, beneficencia, por ejemplo, y eventos para recaudar fondos para diferentes causas). Hoy están en la picota, el canal de TV que los transmitía dijo que no lo hará en 2022 (y ese es el gran dinero de este grupo), se cuestiona a sus miembros, se los acusa de racistas e incluso de acosadores. ¿Qué pasó con el viejo romance entre los que hacen las películas y los queridos chimenteros internacionales?

Es importante entonces saber de qué estamos hablando. En la actualidad, la Asociación, HPFA por sus siglas en inglés, cuenta con 87 miembros. Según una investigación periodística de The TImes, muchos de ellos no son ni siquiera periodistas: hay un  de la i finlandés en terapias alternativas chinas y un ex físico culturista en sus filas. Sí, fue una investigación la que permitió saberlo porque hay secreto respecto de la identidad de sus miembros. Un poco más tarde, Los Angeles Times reveló que no hay integrantes de color. Eso desencadenó el escándalo.

Pero en realidad detrás de esto se mueven otras causas. La principal: desde hace años se cuestiona a la HPFA por la falta de transparencia a la hora de elegir nominados y ganadores, algo que el Oscar sí tiene porque votan los más de 10.000 miembros de la Academia de Hollywood. Aquí es poquísima gente y los mecanismos son desconocidos. A Hollywood le venía bien: este grupo de lobby -no es otra cosa- servía para saber qué era lo aceptable o exportable, más allá del gran espectáculo (la verdadera gran riqueza del cine estadounidense), en el resto del mundo.

Un premio ponía a una película en el escaparate y además permitía incrementar la presión de los productores sobre el único premio que realmente importa: el Oscar. Porque el Oscar levanta inmediatamente la cotización de los derechos de una película y la hace conocida: de allí que en los últimos años crezca la tendencia a ganar de filmes que poca gente ha visto.

Ricky Gervais, el hombre que le hizo justicia a los Golden Globes en 2020
 

Pero además la HPFA ha sido -por ser suave- muy amable con personas cuestionadísimas o más que eso. Digamos: Harvey Weinstein, no solo un feroz acosador de mujeres sino, además, un feroz acosador de Hollywood que logró, por medio de tácticas poco santas, instalar en la carrera a los premios a muchas de sus películas. Piensen: su empresa participó de El paciente inglés, El Señor de los Anillos, El Artista, El discurso del rey, La vida es bella (a la que obligó a cambiarle el final e incluir el tanque con bandera estadounidense), etcétera. Reverenciado por gente que hoy lo defenestra (ejemplo: Oprah Winfrey, a quien le produjo el semi fracaso Beloved), Weinstein fue buen socio de la HPFA.

La HPFA no paga impuestos porque vive tras el paraguas de las ONGs y por eso dedican una parte de sus ingresos a beneficencia. Algunos de sus miembros han recibido (esto se publicó en 2018) regalos, viajes y atenciones poco compatibles con la ética periodística. Y otros han sido acusados directamente de acosadores por el trato con ciertas estrellas cuando se promociona un filme: es lo que dijo en estos días Scarlett Johansson para pedir un boicot a la asociación.

La HPFA presentó un plan para incrementar la diversidad entre sus miembros y dictar guías de conducta transparentes. Pero pasó que muchos nombres importantes del mercado del cine no parecen estar de acuerdo. Además de Johansson, además de Mark Ruffallo que también llamó al boicot, Tom Cruise devolvió los tres globos de oro que ganó (por Nacido el 4 de julio, Jerry Maguire y Magnolia) en protesta. Y finalmente, la NBC decidió que ante la falta de tiempo para que los cambios en la HPFA tomen curso, no transmitirá la entrega de 2022.

A eso se suma que dos de las mayores creadoras de contenidos de hoy, Amazon y Netflix, decidieron dejar de presentar sus productos para el escrutinio de la asociación en tanto no presenten "más diversidad" entre sus votantes. Pero el problema es en realidad otro: la falta de transparencia y coherencia en las nominaciones. Hubo protestas cuando el filme de terror Huye, de Jordan Peele, fue nominado como "comedia" (aunque tiene elementos de ese género), por ejemplo, y es cierto que eso tiene un poco de interpretación por parte de los votantes. Pero nadie sabe cuáles son los criterios, cómo se vota, quiénes son, en última instancia, quienes lo hacen. Es decir: la enorme sospecha es la de corrupción, algo que siempre fue una sombra salrededor de estos premios y de quienes los instalan.

Así que quizás este sea el final de unos premios que solo sirven a los relacionistas públicos, y cuya legitimidad siempre fue cuestionable. Variety, medio que tiene el pulso "correcto" de Hollywood, tituló que quizás un mundo sin los Globos de Oro sería un mundo mejor. No es para tanto, después de todo son solo películas y millones de millones de dólares.

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