Me imagino que hay personas que envidian mi trabajo: ver películas, series y, aquí, porno, y escribir con libertad lo que opino de lo que veo. Y sí, es una gran profesión y siempre agradezco la posibilidad de ejercerla. Lo que no implica que esté exenta de problemas o sea siempre un paraíso. Uno de mis problemas consiste, por ejemplo, en encontrar qué recomendarles en el amplio pero restringido campo del XXX. "Amplio" porque hay una cantidad enjundiosa de producción. "Restringido" porque encontrar algo original, algo que sobresalga en el universo del viejo uno-dos es bastante más que complicado. Por lo general, el porno "histórico" es una historia mínima con excusas para que la gente le dé al asunto. El más cercano, es simplemente gente dándole al asunto, sin la menor excusa. Encontrar algo más o menos potable es hallar una aguja en un pajar de agujas.

Bueno, pasando el cedazo por los sitios porno, encontré en Tuberpornclassics algo llamado Behind the Scenes of an Adult Movie, aparentemente de finales de los años setenta o principios de los ochenta. Parece un VHS, pero con momentos de celuloide. El archivo es una grabación de un canal porno, que alguien encodeó y subió al servidor. Bien por él. Es un documental: la traducción del título es "el detrás de escena de una película para adultos" y requiere un mínimo de explicación. "Película adulta" o "Para adultos" ha sido siempre el eufemismo de "porno" en los Estados Unidos. En el resto del mundo, "cine para adultos" implica simplemente que se tocan temas que un niño o un adolescente no puede comprender, incluso imágenes que no serían apropiadas para su edad (es decir, un filme erótico no porno es "cine para adultos"; La lista de Schindler es cine para adultos y Todos los hombres del presidente, filme con menos sex-appeal que una lata de cera para pisos, es cine para adultos). Los estadounidenses no se confunden: para adultos implica gimnasia genital.

Aclarado el punto, digamos que la película tiene sus pros y sus contras. Busca mostrar cómo se hace una película porno, quiénes la hacen, cuál es la manera de llegar a "la industria", de qué manera se filma, cómo se ensaya (sí, se ensaya, o al menos se ensayaba en esos años heroicos), y cuál es la reacción del "resto del mundo" respecto del trabajo en este tipo de entretenimiento. Entre los entrevistados, aparece un joven Ron Jeremy (hoy juzgado por una cantidad grande de acusaciones de acoso) y Samantha Fox, que llegó a ser una estrella importante en la industria. También hay momentos que se ubican dentro de lo más increíble registrado por una cámara. Un ejemplo: el ensayo de una escena porno que es, además, casting para el muchacho que probablemente -o no- se gane el puesto. Tiene que seducir a una chica que es virgen. La abraza, la besa, le baja la blusa, besa sus senos, y todo mientras tienen ambos en sus manos el guión y lo van leyendo. En un momento, con la cabeza entre ambas glándulas mamarias, el pibe se equivoca y la chica le dice "tenés que preguntarme si soy virgen, acordate" y se largan a reír. Se rompe en ese momento el hechizo de la seducción física y descubrimos que no hay nada, que están actuando la excitación. 

Otro momento. La señorita de la secuencia debe sentarse sobre el sexo del señor, de espaldas a él, y ser penetrada. Parece ser que la toma se había cortado para cambiar el rollo, y cuando se vuelve, el muchacho mantiene como puede su herramienta en personaje, y la chica, con cara de total abulia, encastra donde debe, mira a cámara con un no disimulado aburrimiento (suponemos que debió haber terminado antes de filmar) y, cuando dicen "acción" se transforma en la hetaira con más goce que la Tierra ha conocido. Es muy difícil que esa secuencia, que es tal cual la contamos, pueda excitar a alguien. Sin embargo, sucede algo más curioso aún: la secuencia sigue y vemos todo el desarrollo de ese acto sexual, lo que disuelve el hecho de que sabemos que es una ficción y que, minutos atrás, esto no era más que una ficción física. Eso también, aunque no lo crean, es parte del arte de actuar.

Las entrevistas hoy quizás han perdido algo de actualidad. Después de todo, las costumbres se han relajado lo suficiente (en lo privado, resultan cada vez más represivos los discursos en lo público) como para que a nadie espante que una mujer narre cómo fue que hizo su primera película porno. "Me dijeron que me daban el estelar de una película -dice Samantha Fox- y les pregunté qué tenía que hacer. Dijeron 'tenés que tener sexo con dos señores'. Les dije que tenía que consultar con mi esposo. Cuando llegué a casa, me preguntó si por eso me iban a pagar y dije que sí. 'Y bueno -me dijo-, hacelo'. Así empecé". O que Ron Jeremy explique que ellos no sienten la menor vergüenza por hacer películas porno. "Hay gente que quiere ver esta clase de películas -explica- y nosotros las hacemos para ellos. Es un mercado, hay una necesidad y nosotros hacemos el mejor producto posible para satisfacerlo". También dice que "nos acusan de que las mujeres son solo objetos sexuales, cuando de los hombres lo único que les interesa es que mostremos rápidamente el pene; básicamente somos solo un plano detalle del sexo". O que una actriz diga que "me parece que es mucho menos nocivo mostrar gente disfrutando libre y consensualmente de su sexualidad ante cámara que gente agarrándose a tiros, llenando la pantalla de sangre y violencia; por supuesto que estoy de acuerdo con que un chico no vea porno, pero no veo qué tiene de malo que lo vea un adulto".

Como ven, gente que no estaba allí porque el destino los arrastró a una mala vida, sino por elección personal, porque les parece que lo saben hacer, incluso por vocación. En ese punto sí resulta un poco escandaloso, incluso hoy cuando algunas feministas asocian pornografía con explotación y esclavitud, que haya chicas diciendo a cámara que eligieron el porno, que les encanta trabajar en la industria, que se sienten respetadas y protegidas, que lograron concretar sueños y deseos gracias al trabajo en el porno. Además hay secuencias sexuales de todo tipo, y quizás una falla es que aparecen un poco al azar, sin integrarse a la parte documental. Pero vale la pena: en todo caso, puede adelantar la parte puramente porno y centrarse en las entrevistas. Abre un mundo.

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Leonardo Desposito

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