La noticia que revolucionó el actual sistema audiovisual ayer, la pérdida del 20% de valor en las acciones de Netflix tras reflejar una pérdida neta de 200.000 suscriptores en el primer trimestre de 2022, no es solamente un traspié para la firma líder en SVOD. Es una alerta mayor para todo el negocio y excede, con mucho, las prácticas que la empresa comandada por Reed Hastings. Aunque uno de los motivos es el cierre de la operación de Netflix en Rusia tras la invasión de ese país a Ucrania (lo que implica la salida hasta ahora de 700.000 suscriptores, que serán hasta dos millones en el próximo trimestre), lo que se pone en duda es el ritmo de crecimiento (Netflix solo sumó 500.000 usuarios pagos en el período). Está sucediendo otra cosa: el SVOD es un negocio que nació global y es demasiado sensible a las crisis globales.

En primer lugar, la crisis económica producto de la pandemia, que parecía retraerse aún con inflación a principios de este año, se incrementó con la invasión en Ucrania. Esto hace que cualquier nuevo sucriptor lo piense dos veces antes de sumar un servicio de streaming. La estrategia que hace algunas semanas lanzó Netflix de "cobrar un plus" por cada persona que use el usuario de otro (y que tiene prueba piloto actualmente en Chile, Costa Rica y Perú) puede entenderse como una posibilidad de ampliar la base de usuarios con un costo menor, más allá de perseguir el "uso gratuito" de la plataforma. Por ahora no hay grandes resultados.

En segundo lugar, la competencia es feroz y casi todas las demás plataformas (especialmente Disney+ y HBO Max) tienen contenidos "de marca" totalmente exclusivos. Netflix tiene un deal con Sony (que no tiene plataforma propia) pero debe crear sus propias marcas. Algunas funcionan (Stranger Things, Bridgerton, The Witcher) y otras no. Como pasa siempre, los fracasos superan a los éxitos aunque los números de Netflix son opacos en ese sentido.

Lo cual lleva a un tercer problema: los accionistas necesitan números. Mientras el crecimiento es sostenido y los ingresos entran constantemente, eso no parece ser un problema. Pero las acciones son contratos a futuro, y todo el SVOD está experimentando una crisis de crecimiento toda vez que aquellos que podían pagar los servicios sin pensarlo demasiado ya los tienen. Y aunque haya campo para crecer, también es necesaria una situación económica sostenible, algo que el globo, hoy, no puede garantizar adecuadamente. Por último, Netflix -a diferencia de Disney o Warner- tiene un solo negocio, y diversificarse es un desafíó que aún no asumió.

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