Sé que puede parecer un poco sorprendente hacerse esta pregunta, pero revisando viejas películas pornográficas y eróticas -pero sobre todo, pornográficas- de los años setenta, imaginé por un momento que muchas de ellas hoy no podrían filmarse. O, si se filman, solo pueden mostrarse dentro de nichos muy específicos, muy pequeños, donde existe todavía algo de tolerancia a ciertas fantasías. Por cierto, no hablo de filmes demasiado complejos o realizados justamente para esos públicos mínimos. Tampoco de películas que contengan contravenciones casi ilegales, como sexo con menores de edad o zoofilia. No: estuve revisando películas normales, de las que en la era clásica del porno se estrenaban normalmente en cines para nada marginales. Aunque, seamos sinceros, tampoco se las veía en las grandes salas de estreno, sino en pequeñas salas -aquí el memorioso quizás recuerde el cine Arizona, de Lavalle- dedicadas a películas de género, clase B, comedias con desnudos o picarescas y, de tanto en tanto, ya en la era legal, alguna porno.

Estuve revisando un par que tenían bastante buen presupuesto, valores de producción adecuados a una producción comercial normal, actores y actrices pertinentes, rodaje decente. Incluso decorados con apariencia de costosos. De hecho, la que más me interesó es francesa, de 1975, y se llama Pornographie chez Madame Saint-Claude (pequeña lección de francés: "Chez" es "en lo de") y tiene un elenco de una decena de personas. Está filmada en una mansión de tres plantas con cuadros, muebles y elementos que tienen toda la pinta de ser carísimos, y algunos otros elementos que hacen que todo lo "barato" que pueda haber sido la producción pase completamente inadvertido. La dirigió un señor llamado (creemos, recuerden que en el porno se usa mucho el seudónimo) Norbert Tierry y dura más o menos hora y media. Hay mucho sexo de todo tipo y en toda clase de escenarios, hay algunas secuencias que rozan el disparate surrealista aunque no se trata precisamente de una comedia (claro que termina con una ironía que podría haber utilizado un programa de Olmedo de los ochenta), y hace un uso interesante de los movimientos de cámara.

Una cosa que me llamó la atención es cómo todo plano detalle (boca en genitales, por ejemplo) es el principio de un zoom o travelling hacia atrás que va abriendo el plano hasta que vemos el conjunto completo de la acción. También hay una secuencia notable de una orgía lésbica en la que participan siete señoritas. No solo es notable porque el montaje deja ver y también "quita", manteniendo siempre el deseo de seguir mirando, sino porque comienza con un gran plano general de un dormitorio. En un momento, todas empiezan a jugar una guerra de almohadas, e incluso a forcejear entre ellas a modo de juego. Siempre en plano general, amplísimo, en un costado se ve a dos chicas mucho más iluminadas que comienzan una lucha que termina en acción erótica. Allí sí se toma a esa pareja en detalle y, desde allí, a, resto, en similares quehaceres. Es raro ver en esta clase de producciones un relato cinematográfico tan sofisticado y preciso.

Pero no vamos a hablar de las virtudes plásticas de la película (que, curiosamente, no son pocas) sino de otra cosa. La historia es la de una especie de colegio de elite para señoritas, donde se les enseña ballet, arquería y otras cosas. Por cierto, no son adolescentes, sino mujeres muy jóvenes. Pero además de esas lecciones, se les enseñan varias delicatessen eróticas, hasta que descubrimos que el lugar es en realidad un burdel para señores muy poderosos que dan rienda suelta a sus deseos más oscuros. Por suerte ninguno es tan oscuro como para molestar a alguien, por lo menos en el plano genital-fisiológico. Aunque sí hay complejidades a la hora de la escenografía. Por ejemplo, hay un señor subido a un pedestal de mármol a quien la protagonista le obsequia una fellatio, y todo ocurre en una capilla. La disposición del cuadro hace que veamos estatuas, cruces, etcétera. Hoy esa secuencia, que tenía como fin ser apenas escandalosa y muy irónica, resultaría totalmente ofensiva. No el hecho de la fellatio, sino que dos personas desnudas estén en un lugar sagrado.

En un momento, todas las chicas llevan cadenas o algún otro artefacto que restrinja movimientos. El más grande, un cepo de madera alrededor del cuello donde también se capturan las manos, lo tiene una chica negra. Hoy eso provocaría un enorme desastre. También hay sexo interracial. Seguramente eso, que no debería causar problemas en el universo de la tolerancia y la libertad al que se supone que todo el mundo aspira, sería visto como una degradación étnica. Es raro cómo el discurso de la cancelación por cuestiones de "igualdad" termina en el mismo punto que querían los racistas. Es cierto, esto es un comentario al margen, pero imaginen qué pensaría hoy un activista estadounidense del Black Live Matters si ve en este filme a esa chica con un par de señores más blancos que la cal. Incluso si queda claro en la película que las chicas hacen todo de manera voluntaria y obtienen placer con lo que eligen.

Eso también es un problema. Cuando se legalizó la pornografía y algunos países también legalizaron la prostitución, parecía que el rumbo general al menos en Occidente sería ese. Existía entonces ya el discurso contra ambos tipos de actividad basados en la explotación de la mujer, que no podemos decir que no existe (lo que podemos decir es que no siempre, no en todos los casos, menos en el porno y la prostitución legalizadas y monitoreadas).

Filmar que un grupo de señoritas de varias etnias se prostituían por placer y dinero entre señores de alto poder adquisitivo era de cierto modo una concesión si quieren "populista" a la idea de que el que tiene plata hace lo que quiere, mire doña qué barbaridá. Pero el humor mostraba que tenía su ironía todo y que en el fondo todo era una excusa para mostrar sexo bien filmado y justificar ciertas poses y ciertas invenciones.

Hoy sería imposible filmar eso: lo abuchearían desde la izquierda y desde la derecha. Lo raro es que eso sucedería por interpretar literalmente la fantasía en la pantalla como algo totalmente real, un reflejo del mundo tal como es. En aquellos años, molestar no era un problema y si alguien se ofendía, que pidiera reembolso a la salida del cine. Temo que hoy estas cachondeces en el fondo bastante cándidas serían canceladas, y con ellas todos los participantes. Y de por vida.

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