Mientras el universo del Streaming Video On Demand (es decir, SVOD, para que quede clara la sigla) se prepara para el lanzamiento en algún momento de 2019 del sistema propio de Disney y que se desate la competencia (feroz) con Netflix, varias cosas suceden alrededor de la revolución digital. En principio, que hay sistemas gratuitos sostenidos por la publicidad que permiten darle un lugar a la mayor parte de las bibliotescas audiovisuales existentes. Sí, el problema básico de los SVOD es que tienen una oferta restringida a aquello cuyos derechos poseen y que, al mismo tiempo, suman abonados. Pero por supuesto no es el único modelo de negocios.

Sumemos "A" ("Advertising-supported", es decir, "sostenido en la publicidad") a la sigla SVOD. Una empresa de ASVOD es Tubi, cuyas operaciones se restringen por ahora solo a los Estados Unidos y Canadá pero que dice haber obtenido ganancias en el último trimestre de 2018 (cuando, tras su puesta en marcha en 2010, siempre funcionó a pérdida). La firma anunció un enorme crecimiento en el último año y duplicó la cantidad de sus empleados (actualmente son 140). Y aunque no libera la cantidad de usuarios o de vistas que tienen sus contenidos, afirma tener finanzas sólidad sostenidas por más de 1000 empresas que pautan en los contenidos.

El sistema es ese: tener publicidades (que se pueden saltar) mientras uno ve los contenidos, de acceso gratuito. Es un modo de combinar el viejo modelo de la publicidad con el streaming y el "ver cuando quiero como quiero lo que quiero" independientemente de las grillas horarias que plantea el uso de Internet. El artículo de Variety que llama la atención sobre este fenómeno dice algo importante: aunque el movimiento en ASVOD siempre fue poco tenido en cuenta, volvió a crecer en los últimos meses de 2018. ¿Razones? Dos. La primera, que en estos servicios se encuentran catálogos más amplios aunque con menos novedades (pero siempre permiten tener películas queridas a mano) que se pueden adquirir con inversiones menores a los miles de millones que gasta Netflix en generar contenido original. Segundo, que el usuario no tiene capacidad económica para pagar muchos servicios de streaming y, si es razonable y tiene el control, puede "bancar" la publicidad.

Tubi anunció una inversión en bibliotecas de unos u$ 100 millones, poco para las cifras siderales que maneja la industria del SVOD. Pero hoy tiene 20.000 películas disponibles, es decir una porción notable de catálogo que queda fuera de los intereses -orientados a la novedad- de las grandes firmas. Es posible que este sea, además, el reemplazo futuro para el cable tradicional. En la Argentina, Tubi puede verse si se utiliza un VPN, aunque sin subtítulos.