La taquilla cinematográfica estadounidense, que es el fiel de la balanza global (excluyendo China, aclaremos), mostró un alza significativa respecto de 2020. Básicamente, se duplicó: de 2.200 millones de dólares el año pasado a 4.400 millones de dólares este año. Sin embargo, en 2019, último año sin los estragos del covid-19, la recaudación había sido de 11.390 millones de dólares. En 2020, la caída había sido de un 91%; en 2021, todavía está un 61% debajo del nivel pre pandemia.

De todos modos, hay una trampa y la caída puede ser menor: en 2019 se registró una seguidilla de éxitos anormal. Avengers-Endgame, Toy Story 4 y El Rey León tuvieron performances muy por encima de lo normal (aunque no era inesperado). Para hacer números más "normales", hay que calcular 10.000 millones de dólares como nivel promedio. Así, la caída de la taquilla respecto de épocas sin pandemia sería del 56%. Aún enorme.

En este contexto, los 1000 millones globales de Spiderman parecen indicar que, variantes o no, hay un público masivo esperando volver al cine lo antes posible si -y solo si- los espectáculos tienen el peso de Spiderman. Recapitulemos: una película de una franquicia muy exitosa, relacionada con la serie de filmes más taquillera de los últimos veinte años, y con el plus de que todos los actores que alguna vez interpretaron al personaje aparecen en la pantalla. Una especie de catálogo. Pero ¿Cuántas películas así se pueden estrenar? Matrix Resurrecciones, que podría tener el mismo "peso", tuvo un arranque flojo respecto de las expectativas, en parte porque también fue a SVOD en los EE.UU.

Ese es el otro problema: las películas recaudadoras son -y serán, cada vez más- aquellas que ofrezcan algo que las plataformas no pueden ofrecer. Inmersión total a través del 3D, el Imax o los sistemas de sonido, por ejemplo. Y eso solo lo justifican los grandes espectáculos épicos, que requieren de "nombres de marca" para instalarse y despertar la expectativa suficiente que justifique el gasto. Lo que, de paso, hace más caras las películas y más complicado el recupero de la inversión. 

Lo que el Covid-19 pone en términos reales es la crisis inevitable del sistema basado en un par de grandes "tanques": reduce las temáticas, estandariza los ritmos, conforma a públicos a partir de un común denominador bajo y, si no recaudan lo suficiente, ponen en crisis el sistema de exhibición. El número "bajo" refleja la pandemia, pero sucedería, más tarde, de cualquier modo.

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