El Festival Internacional de cine de Toronto (TIFF) ha demostrado un interés constante y persistente en nuestro cine: desde los noventa ha habido aquí una buena representación de la producción nacional; y -más allá de los avatares del presente- este año no es la excepción. De la competitiva Platform participan las coproducciones Los sonámbulos, de Paula Hernández (con Uruguay) y Así habló el cambista, del uruguayo Federico Veiroj (con Uruguay y Alemania). Dos películas que fueron recibidas con aplausos por el público, que reconoce además el nivel de las actuaciones. Allí están para darle la razón a ese reconocimiento Daniel Hendler (que se luce en ambas películas), Erica Rivas y Dolores Fonzi (respectivamente). No deja de llamar la atención cómo la cinefilia canadiense reconoce y sigue autores y actores argentinos, lo que se evidencia en las sesiones de preguntas y respuestas que siguen a las proyecciones.

En la sección Discovery ha sido seleccionada Las buenas intenciones, de Ana García Blaya y Lina de Lima (coproducción con Chile y Perú) y en las presentaciones especiales, La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein, Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar (coproducción con España) y Los dos papas, de Fernando Meirelles (con EE.UU., Reino Unido e Italia). En Contemporary world cinema se proyectó Araña, de Andrés Wood y en la experimental y hasta extrema Wavelengths, los cortometrajes La siesta, de Federico Luis Tachella y Circumplector, de Gastón Solnicki (un habitué por estas tierras), el mediometraje Siete años en mayo, de Affonso Uchöa, y el largo Those that, at a distance, resemble another, de Jessica Sarah Rinland. El desafío sigue siendo el mismo: ¿cómo se hace para que estas películas que triunfan en el exterior tengan una oportunidad real de ser vistas por el público argentino?.