Desde el otro lado del Océano Atlántico nos llegan las noticias del Festival Internacional de Cine de Venecia, que está llegando a su fin. Por su parte, de este lado, en América, enciende sus motores una edición muy especial del Toronto International Film Festival, la muestra canadiense que comenzó como un "festival de festivales" y supo hacerse un lugar en la agenda cinematográfica y cinéfila mundial. Las decisiones han sido muy distintas en ambos casos frente a los efectos de la pandemia Covid-19. 

El decano festival europeo defendió su versión presencial contra viento y marea. La importancia y aval políticos son tan evidentes que hasta existe una excepción sanitaria específica para los acreditados (invitados y prensa) que acuden a la muestra aun cuando deban llegar allí con las constancias de haber dado negativo en un hisopado realizado con no más de 72 horas de anticipación, y comprometer a realizarse dos nuevos estudios durante la estadía veneciana. Este rumbo, que tiene que ver con la idea de defender el rol de encuentro y cultura, de empuje económico e industrial que cumplen los festivales, ha merecido no pocas críticas de parte de quienes se sienten ofendidos por el boato de la alfombra roja cuando hace bien poco los cadáveres se contaban de a cientos y el peligro no ha desaparecido.

El Festival de Toronto (TIFF), en cambio, fue drástico: la reducción en la cantidad de películas ha sido dramática. Si bien este proceso se venía dando desde hace algunos años, el recorte ahora es radical: si en 2018 se habían programado 342 obras (entre largometrajes, cortometrajes y series), y el número era de 333 en 2019, el 24 de junio el anuncio fue que este año la muestra habría de constar solamente de 50 películas. Con el tiempo se sumaron algunos eventos y obras más, pero la lógica es clara: evitar todo lo posible los viajes (el trabajo de prensa e industria será on line) y la aglomeración de gente en las salas. Así, las pocas funciones se han de realizar en salas con aforo limitado, al aire libre o en autocines, cuestión de no dejar afuera al enorme y fidelísimo público local.

El tiempo dirá cuál ha sido la mejor estrategia para hacer frente a la pandemia, a sus riesgos y a la incertidumbre que conlleva. Lo cierto es que hoy comienza una edición clave de este gigante amable que ha sabido ser el TIFF.  A los problemas económicos que venía experimentando se ha sumado esta terrible novedad con la que estamos aprendiendo a lidiar. Una experiencia nueva para todos.