Se entregaron los Martín Fierro Digitales por primera vez. Hay mucho para criticar y arreglar, por cierto, y es bastante evidente que una cosa es un premio a la producción para plataformas alternativas a las tradicionales (hasta hoy dominantes, ya en retirada) y otra, mezclarla con estrellas digitales o asuntos de fans. Aunque -primera constatación importante- es interesante ver que ambas cosas, en ciertos territorios, se solapan. La lista de premios incluye varios para medios y marcas establecidos (tres para Crónica, por ejemplo, o el Oro para Daniel Hadad) y varios para personas y personajes que viven de y en las redes sociales y a quien la transmisión televisiva permitió conocer a la gran mayoría de los espectadores. Segunda constatación importante: Internet y todas las plataformas y redes -no son lo mismo- que viven gracias a ella es un universo nuevo con enorme peso, y en gran medida forma parte del mundo del entretenimiento. ¿Debe haber un Martín Fierro Digital? Por supuesto que sí. Porque, probablemente, en unos años sea el único Martín Fierro.

Motivos. El primero es clave: debería funcionar como incentivo para el desarrollo tanto de contenidos como de tecnología. Es cierto que no se trata de un premio en dinero, pero en la medida en que se asocie a la marca "Martín Fierro" lo digital genera una visibilidad que permite salir del gueto. Aunque Internet es un negocio millonario, vive de los pequeños espacios, de sumar nichos que permanecen cerrados. Visibilidad fuera de la web es sinónimo de apertura.

El segundo: los medios nativos digitales representan una industria que, en Argentina, aún es incipiente. No así en Estados Unidos, Europa o Asia, donde desplazan de modo creciente a los tradicionales. Por lo tanto, premiar contenidos y medios implica, también, colocarlos en el mapa. Eventos de este tipo tienen la posibilidad de transformarse en puentes y facilitar una transición que no disuelva el negocio. Después de todo, el dinero es importante.

Tercero: hubo muchos jóvenes. Esto es crucial porque las audiencias formadas por los millennials (de 37 a 22 años) y los que nacieron en este siglo pasan muchísimas más horas en Internet que escuchando la vieja radio o viendo TV de aire o cable tradicional. Capturar su atención es -volvamos al segundo punto- sustancial para que el negocio camine. Así, aún con equivocaciones o ternas quizás "de compromiso", que exista un Martín Fierro Digital es un paso al reconocimiento de un nuevo ecosistema de medios y entretemiento que no para de crecer y es el definitivo futuro.

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