Si son afines a la cultura pop reciente, reconocerán los nombres de Trey Parker y Matt Stone. En esta columna hablamos de ellos alguna vez (más adelante lo vamos a recordar mejor), pero para hacer las cosas sencillas, son los creadores de South Park, una de las mejores series animadas de todos los tiempos, una serie que demuele la corrección política on toda clase de insultos, bromas sexuales, explicitudes, etcétera. No deja títere con cabeza y es absolutamente libre. Es la serie que hace una broma de los casos de pedofilia en la Iglesia por ejemplo, o se ríe de las políticas identitarias, o de la pornografía.

Parker y Stone son, además, cineastas. Han realizado cuatro largometrajes: Cannibal, el musical, Orgazmo, South Park-La película y Team América-Policía mundial. En la última, que utiliza muñecos parodia de Thunderbirds, destroza a los "liberals" americanos, a los actores "comprometidos", a los petardistas, al cine de Michael Bay, a Ben Affleck, a Matt Damon y a las escenas de sexo. En otra columna (ahí está Google, la va a encontrar) mencionamos la secuencia sexual de esa película como la mejor de todos los tiempos y no exageramos. Cuando uno ve el largo de South Park, además, se da cuenta de que están preocupados por la creciente intolerancia del mundo. Por eso el personaje más tierno y triste es Satán, que está en el infierno porque es gay (y tiene como amante, para su desgracia, a Saddam Hussein). Su canción en el filme es el momento más conmovedor por lejos. Para Parker y Stone, el problema con el sexo en el cine (y fuera de él como queda claro) es la hipocresía de una sociedad que no tuvo más remedio que legalizar el porno y se pasa el tiempo demonizándolo. No, no solo la sociedad estadounidense: en otros parajes del globo se habla de la libertad y se piden restricciones a acciones individuales o personalísimas. Y sí, también se condena el porno.

Orgazmo es una película pequeña y cómica que hoy sería imposible de producir por culpa de la corrección política

En la lista ut supra, aparece Orgazmo. Es una comedia cómica (no hay redundancia, amigos) que no se estrenó en casi ninguna parte más allá de los Estados Unidos y algunos países europeos. Aquí ni siquiera se editó en video, vaya uno a saber por qué. La filmaron en 1997, cuando ya eran famosos pero no célebres. Hay elementos de ese filme que luego aparecerían en otra creación exitosa, el musical de Broadway The Book of Mormon, una sátira religiosa y política que supo arrasar con los premios Tony en 2011 (se llevaron nueve de una miríada de nominaciones). Pero lo más interesante es que transcurre dentro del mundo del porno y del cine mainstream al mismo tiempo, y además adelantó una adnanada irrefrenable de Hollywood: el de los superhéroes para todo.

Un resumen de la historia lo deja todo más claro. Un joven mormón es enviado a misionar para juntar dinero y poder casarse con su bella y purísima novia. Las cosas en Los Angeles no le van del todo bien. En realidad le van pésimo. Hasta que por pura casualidad entra en una casa donde están filmando porno. Cosas del destino, termina personificando a un superhéroe porno, Orgazmo, por lo que le pagan muy bien. Para mantenerse virgen para su novia, claro, las secuencias de sexo las hace un doble. Pero es lo de menos porque la película se vuelve un terrible éxito universal que trasciende el porno. Pero nuestro amigo debe mantener la doble vida de superhéroe enmascarado del XXX y misionero mormón, al menos hasta conseguir el dinero para casarse. El problema consiste en que el director de la película es un supervillano con un plan terrible vinculado al sexo, claro. Lo que obliga al pobre misionero a volverse un superhéroe real. Hay un rayo que genera tremenda excitación sexual, la doble vida del personaje está constantemente en riesgo y tiene, de paso, un asistente a lo Robin que lleva un consolador en la cabeza. Lo demás es para verlo.

En la película trabajan muchas pornostars de verdad (Ron Jeremy, David Dunn, Chasey Lane, Juli Ashton, y bastantes más) y se nota que todo el mundo se divierte haciendo lo que cierto porno suele hacer: reírse de la falsa y doble moral de mucha gente. Pero también se ríe de Hollywood, del sistema de multiplicar el éxito a pura fotocopia. Hay algo extraño: la religión se muestra primero como algo totalmente idiota y absurdo, que merece toda burla. Pero los personajes van ganando en simpatía y ya no nos importa en qué creen sino cómo hacen para ser felices y salvar el mundo. Eso es un auténtico cachetazo a la (falsa) corrección política, que no es más que censura y coherción disfrazadas de rectitud moral. Bueno, como pasa con muchas religiones, de hecho.

Pero quizás lo más interesante sea lo que el filme propone respecto de la pornografía. No es más que algo infantil, inofensivo y que refleja las fantasías más inmediatas del público. Esas cosas en las que siempre piensa pero que las presiones morales más tontas le impiden no satisfacer, sino incluso decir en voz alta (lo que las refuerza monstruosamente). Al volver el sexo una nada cómica, al poner a pornostars a reírse de sí mismas y de todo el cine, Orgazmo demuestra que en realidad una fantasía erótica, por loca que sea, carece de otro poder que el del puro entretenimiento. Es decir, el mismo grado de inspiración que una película de superhéroes. El chiste, de todos modos, puede ser malo o fuera de lugar, pero no deja de ser un chiste.

Mientras ve esta peliculita a la que nadie le dio chance, piense que quizás hoy, cuando echan a un director de cine por chistes de mal gusto realizados una década antes (James Gunn de Guardianes de la Galaxia, uno de los pocos autores personales y empáticos que quedaba en Hollywood), no podría hacerse, aunque cualquier adulto responsable, de mente libre y con dos neuronas, sabe que es totalmente inofensiva. Así va el mundo, amigos, y no es nada agradable: necesitamos cada vez más Orgazmos.