Los Guerreros fue una película importante allá por 1979, cuando se estrenó, por las razones equivocadas. Trataba de un gran congreso de pandillas callejeras que estaban a punto de organizarse para tomar Nueva York cuando asesinan al líder del asunto y culpan -falsamente- a uno de estos grupos, que debe volver a su barrio en una noche llena de peligros. Entonces se la vio como un "film social", cuando su estética de cómic, su violencia, su música y su montaje -además de basarse en la epopeya griega Anábasis- demostraban que a Walter Hill, su director entonces en estado de

gloria, lo que más le importaba era lo universal y no lo que podía parecer tema periodístico. Tenía razón: tenía razón, la película hoy es un clásico y funciona igual que treinta años antes, cuando su salida. En la Argentina estuvo cinco años prohibida: hoy se puede ver con adolescentes.