Recreo es una película coral; es decir, una donde cada personaje tiene su momento, sus dúos, su inclusión en el conjunto. Una especie de juego jazzístico, digamos, que aquí reúne a tres parejas con hijos en un fin de semana largo en el campo. Lo que lleva a revelar intimidades, secretos, juegos y amabilidades, una reproducción precisa del entramado de deseos que sostiene a una generación -la de los treintialgo hasta cuarentipico-. Jazmín Stuart y Hernán Guerschune dirigen con precisión a un buen elenco y logran un retrato emotivo que funciona como algo más que un espejo. El absurdo y el drama se combinan con la distancia justa para transformar cada gesto trivial en algo digno de verse con actores que saben jugar.