En la edad dorada del porno, aquellos fugaces años setenta en los que todo el mundo parecía dispuesto a soltar las amarras de la represión y la corrección política (excepto, claro, en este rincón del mundo proclive a las dictaduras y las violencias ajenas al placer), la producción de películas XXX fue notablemente alta. Y también resultó que, como hacían dinero, se solía invertir en desarrollar las tramas y las formas. Es cierto, nunca fueron demasiado caras y nadie iba a poner en un filme para adultos tanto dinero como en Tiburón, por decir algo. Pero al menos se tomaban el trabajo de escribirlas. 

Era fundamental justamente porque había poco dinero. Así que uno no podía filmar demasiadas escenas y el montaje era complicado. Recuerden que todo se hacía en fílmico, mucho más caro que el digital. Así que tener buenos diálogos y buenas secuencias que sostuvieran el interés en la película entre escena cachonda y escena cachonda resultaba fundamental. También que los actores fueran más que cuerpos capaces de moverse en una cama, por supuesto. Escribir bien una película implicaba que hubiera quien la supiera leer y, por supuesto, interpretar. Es cierto: a la mayoría del público solo le importaban las secuencias sexuales, pero había que llegar a ellas.

Un ejemplo de cómo lograr que el sexo estuviera integrado a un todo es una producción de 1977 llamada Hard Soap, Hard Soap. El título tiene mucho de revelador: "Hard", por supuesto, remite al porno. Pero "Soap" tiene que ver con una denominación muy popular en los EE.UU.: "Soap Opera". Una "Soap Opera" es, ni más ni menos, una telenovela (por lo general, diaria). Su nombre proviene de que solía pasarse a la mañana o a la tarde, los momentos en los que las amas de casa veían algo de TV, y ser patrocinadas por productos de lilmpieza ("jabón", en inglés, se dice "soap"). Nada diferente de lo que sucedía en el resto del mundo, la Argentina incluida. Incluso hoy ciertos programas -lo puede comprobar- tienen en las tandas productos de limpieza y femeninos. Eso suele revelar mucho más del estado de la sociedad que mil discursos.

Volviendo a nuestra película, es la historia de un pobre hombre muy atractivo y ganador con las mujeres, dedicado a la psiquiatría y el psicoanálisis, que no puede tener una erección. Resulta que el protagonista no era otro que la mega estrella masculina del porno John Holmes, cuya vida trágica inspiró la película de Paul Thomas Anderson Boogie Nights. Y también resulta que, en la vida real, Holmes tenía exactamente el mismo problema: carecía de erección. Aun así, logró ser una mega estrella del porno y protagonizar cientos de películas. El truco: el tamaño del órgano sexual podía suplir la disfuncionalidad. Lo raro de Hard Soap es que Holmes se ría de sí mismo de ese modo.

Volviendo a nuestra historia, es obvio que la mujer del Dr. Holmes no la pasa bien. Así que se las arregla como puede. Divertido es que en medio de una secuencia hardcore puede hacer cosas que parecen incongruentes. En cierto momento, al principio, la joven está realizando una fellatio al lechero. Se da cuenta de que se ha olvidado de guardar la leche en la heladera, corta la actividad oral, dice "uh, disculpe, la leche", guarda dos cartones en la heladera y vuelve a lo suyo. Disculpe el lector la isotopía láctea, que de todos modos debe de haber sido muy pensada por el director de esta sátira, un tal Bob Chinn.

Las incongruencias se suman constantemente. Hay una mujer que hace todo lo que puede hacerse en estos casos munida de unos densos anteojos negros porque padece de una ceguera psicosomática (hay un caso similar de ceguera cómica en Ricky Bobby, loco por la velocidad, joya de Adam McKay con Will Ferrell), lo que de todos modos no le impide disfrutar de los goces carnales. Hay también algunos momentos de pura comedia sin sexo, aunque en general todas las secuencias eróticas incluyen un momento totalmente desfasado. Las relaciones entre los personajes son totalmente absurdas pero remedan los cruces y descruces de las telenovelas.

Para subrayar el aspecto totalmente satírico del asunto, la música de órgano remeda los golpes de efecto del radioteatro. La pregunta principal es si todo esto tiene el efecto de estímulo erótico que se supone que tiene que tener -casi como primer mandato- la pornografía. Es difícil de decir: la actividad está ahí y en ciertos momentos llega a intensidad importante. Pero siempre aparece el detalle que quiebra todo y nos hace pensar que en realidad tenemos que reírnos.

Dos cosas, de todos modos, para quienes se animen a ver esta película disponible en Erogarga.com. La primera, repitamos como mantra, es una película pornográfica, así que hay muchas secuencias de sexo explícito y, si no gusta del género o la actividad de cuerpos explícita no es de su agrado, puede pasar. Segunda, hay una idea del sexo y de la pornografía que van más allá del instinto básico. Vamos a tratar de explicarlo.

De lo que se trata es de que el espectador recuerde los lugares comunes de la telenovela, los cruces entre personajes, los absurdos. Así que ahí surge el humor, de ver que esos personajes sobreactuados siguen comportándose así en el sexo. Pero por otro lado es la parodia del cine porno en sí mismo. Hay una secuencia notable. La mejor amiga de la protagonista tiene relaciones con su novio. La protagonista la oye y no puede dormir porque, recuerden, tiene problemas con el marido. Le dice "mirá, así no puedo". ¿Qué hace la amiga? Le dice a su novio que le de una mano (bueno, otra parte de su anatomía) a la protagonista, así puede dormir. Y mientras esto sucede, ella fuma un cigarrillo lo más tranquila. Un tipo de secuencia que, incluso si no fuera explícita, nadie se animaría a filmar hoy, en este universo cada día más represivo.

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