Hay un mito económico en Hollywood. Dice que Garganta Profunda es la película que más gente vio en la historia del cine y la que más dinero recaudó; unos u$s300 millones entre 1973 y 1980, lo que equivaldría a más de mil millones de hoy. Pero, como todos los mitos, es incomprobable. La razón: se hicieron miles de copias piratas de la película y se proyectó en cines que no podían ser contabilizados, no hubo manera de controlar el verdadero ingreso. Y es que, además, nadie estaba demasiado interesado en que así fuere, dado que Garganta... es, probablemente, el filme más molesto jamás filmado.

Veamos por qué. Aunque no es la primera película con secuencias de sexo explícito que se estrenó comercialmente, sí es la primera que lo hizo en cines no pornográficos o "restringidos". Es decir, pudo verse en salas de estreno más o menos normales, de las que no pasaban lo que en esos primeros años setenta se disfrazaba como "documentales educativos" para poder incluir secuencias sexuales. Sucedió en un momento interesante de la historia norteamericana: por un lado, tenían a Nixon en el poder, acababa de ser reelecto y estaba jaqueado por el escándalo Watergate, punta del ovillo para la despiadada tarea de espionaje que el propio mandatario ejerció sobre propios y ajenos. Los EE.UU. se retiraban derrotados de Vietnam y el viejo triunfalismo bélico que los sustentó desde la victoria sobre los nazis en la Segunda Guerra Mundial empezaba a mostrar fatigas. La lucha de los negros por los derechos civiles terminó triunfando, los movimientos políticos radicalizados habían causado grietas sociales que aún no se han disuelto del todo, y los valores americanos que sostuvieron el neoconservadurismo que intentó Eisenhower en los 50 había sido destrozado por la generación de los baby-boomers, que cuestionaron toda autoridad desde el pop, el hippismo, el rock, el activismo o las drogas duras. Hollywood languidecía sin saber qué proponerle a su vieja clientela, mientras el cine del mundo, influido por los nuevos movimientos, incorporaba a las pantallas política, sexo y más cuestionamientos, incluso estéticos. Una nueva generación de cineastas se dio cuenta del desastre y empezaron a construir ficciones apocalípticas que se convirtieron en grandes éxitos de público. El Exorcista, El Padrino, Calles salvajes e incluso un telefilme sobre un camión demoníaco y un pobre tipo de clase media, Reto a muerte, reflejaban ese estado de cosas que no haría más que agudizarse durante toda la década.

El porno existía y, en algunos países europeos como Dinamarca, era legal desde 1969. Entonces apareció Gerad Damiano y filmó Garganta Profunda. La película es bastante pobre en historia: una chica deprimida (la famosa Linda Lovelace, que adujo haber sido abusada, años después, durante el rodaje aunque no hay ni una prueba de eso) por no conseguir placer sexual, descubre que tiene el clítoris en la garganta. Lo que lleva, después de varias secuencias sexuales de otro tipo y con otros actores, al momento de la enorme fellatio que finalmente la hace gozar. Esa secuencia es digna de verse, no por su contenido porno sino porque Damiano, en un alarde de comicidad -obviamente el filme es una comedia- superpone el acto con secuencias de despegues lunares, estallidos, trenes entrando a túneles y otras imágenes "metafóricas". Lo importante es que todo estaba a la vista porque la fellatio se veía -se ve- absolutamente, así que en realidad se trata de un efecto cómico. Sigue siendo una secuencia única en la historia del cine, y si alguna vez vieron El Show de Benny Hill, sabrán que el británico usaba cosas similares para representar el coito.

Pues bien: hubo colas de manzanas enteras para ver la película. Hasta que vino el Estado, secuestró las copias y mandó presos a Damiano y al actor Harry Reems (fallecido hace algunos años después de haberse transformado en un cristiano renacido, oh pecado del porno). Mientras tanto, el Congreso de los Estados Unidos pidió un informe a sociólogos, médicos, abogados, etcétera para determinar si la pornografía afectaba a las personas. Era la jugada -una de las últimas de Nixon en el poder- para tener un apoyo legal contra el porno: los productores de Garganta... aducían la libertad de expresión (la famosa Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos) y denunciaban censura.

Pues bien: el informe demostró que el porno era inocuo. El Gobierno trató de no darle importancia y de desacreditar a los que lo habían hecho, pero era tardísimo: después de todo, los habían elegido ellos mismos. El resultado fue que el Congreso norteamericano terminó legalizando la pornografía. En ese tiempo es cuando se hicieron las copias clandestinas de la película, que tras la prohibición volvió con todo a las pantallas, aunque gran parte del público interesado ya la había visto. Damiano, pues, se puso a producir más películas lo más rápido posible y logró un segundo gran éxito con Devil in miss Jones. Garganta... paseó por todo el mundo. En la Argentina, obviamente, estuvo prohibida, aunque como contamos respecto de Calígula, nuestros militares de entonces la gozaban en casinos de oficiales y suboficiales. Vista hoy, es mucho más cómica -a veces de modo involuntario- que sexy, pero no deja de ser un hito nada menor en la historia del cine. A partir de entonces, el sexo tuvo cartas de ciudadanía en la industria audiovisual más poderosa. Aunque después desapareciera, pero esa, amigos, es otra historia.

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Leonardo Desposito

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