La guerra del streaming tiene un nuevo episodio con la decisión de Universal de mover sus estrenos en plataformas digitales y cable de HBO a Peacock. Hasta ahora, las películas del estudio (lo que incluye franquicias muy populares como Jurassic Park/World, Rápidos y furiosos, Mi villano favorito y Minions) pasaban a plataforma hogareña a través de HBO. Pero Comcast, dueña de Universal, tiene desde este año su propio SVOD, Peacock, así como una cantidad importante de canales de cable. Por lo tanto, esas franquicias estarán en Peacock en (semi, ya veremos) exclusividad.

Por norma, los contratos para TV paga que arman los grandes estudios implican unos 18 meses de exclusividad. Es decir: cuando una película pasa a, por ejemplo, HBO (que es premium), permanece allí un año y medio antes de poder pasar a cable común o a otras plataformas de modo no exclusivo. El trato de Peacock/Universal es bastante más raro: de esa ventana de 18 meses, Peacock solo tiene exclusividad en los primeros y los últimos cuatro. En los diez meses "del medio", las películas pueden ir a otros servicios por tiempo limitado, y de modo no exclusivo (es decir: pueden estar a la vez en, por ejemplo, HBO Max y Netflix durante ese período). Terminada la ventana de año y medio, Universal es libre de distribuir sus películas donde le resulte mejor, además de su plataforma, o sostener exclusividad para Peacock.

Las exclusividades son la fuerza de las plataformas y, al mismo tiempo, su mayor problema. Como se ha explicado, si alguien quiere ver un contenido de Disney y uno de Netflix, requiere sí o sí tener ambos servicios. Esto se extiende a todo el ecosistema. Pero al mismo tiempo, esto genera una saturación que lleva a un incremento notable de la piratería on line. No es solo el costo de tener que contar con Netflix, Disney+, HBO Max, Paramount+, AppleTV+, Amazon Prime Video, Star+, Mubi, Peacock más locales (en la Argentina, QubitTV para clásicos y Cine.Ar, gratuito salvo en estrenos, para cine nacional) para acceder a contenidos de ciertas marcas, sino la molestia que implica buscarlos. La solución de Peacock de ponerle coto a las exclusividades no parece una mala política ante los problemas del nuevo paisaje. El único problema es que hay dos generaciones que ven muy poco de estas plataformas, casi nada de cable y cero de TV de aire, y consumen juegos o YouTube. A esa cuestión del futuro aún nadie tiene respuestas.

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