Warner Bros. cambió todas sus fechas de estrenos de películas de superhéroes y grandes tanques "para más adelante". The Batman, la película que narra el origen del personaje, dirigida por Matt Reeves (Cloverfield-Monstruo) y protagonizada por Robert Pattinson pasó de octubre de 2021 a marzo de 2022. También pasaron para 2022 The Flash, con Ezra Miller, y Shazam 2 pasó de noviembre de 2022 a junio de 2023. Mientras que Matrix 4, de las hermanas Wachowski en realidad se adelantó de abril de 2022 a diciembre de 2021 porque la fotografía principal de la película está ya terminada. Por último, Dune, la adaptación de Denis Villeneuve de la clásica novela de Frank Herbert -que tuvo una extraña versión por parte de David Lynch en los 80-, pasó también de 2021 a 2022. Y desaparecieron sine die dos otros tanques: Black Adam, con Dwayne Johnson -anunciado en septiembre en la convención on line de DC- y Minecraft

Esto es parte de los estragos de la pandemia. Muchas producciones fueron detenidas o retrasadas por la cuarentena global; muchas películas terminadas (todos los tanques salvo algunas excepciones) quedaron sin pantalla por el cierre de los cines. En los EE.UU., las salas están funcionando al 70%, pero no hay filmes de gran presupuesto ni atractivo que drenen público a ellas, lo que va a provocar -ya está provocando- quebrantos importantes en el negocio de la exhibición. Por ahora, los "tanques" que podrán verse hasta fin de año son Mujer Maravilla 1984 (de Warner-DC, con fecha de lanzamiento prevista aún para 25 de diciembre después de cuatro cancelaciones) y Soul, de Pixar- Disney, a finales de noviembre. Tanto el último filme de James Bond como la novena entrega de Rápidos y Furiosos, pasaron para 2021. Con suerte.

El efecto es global. Entre sus consecuencias, aparece que las películas más recaudadoras de 2020 serán tanques chinos (y solo con la recaudación en ese país y algunos territorios asiáticos); la caída en picada del público para las salas de cine (se notó con la magra recaudación de Tenet en los EE.UU., aunque va por los u$ 300 millones en el mercado global) y el crecimiento notable del streaming. Que, si ya se preveía que sería un campo de batalla fuerte para el audiovisual, también debió adaptarse a demandas nuevas, y al crecimiento también gigante de la piratería, algo que las "exclusividades" y la diversificación de plataformas hacían prever. El cine entró en una crisis de la que es difícil ver la salida, al menos en su formato tradicional en salas.