WarnerMedia aseguró la compra de la serie The Big Bang Theory para su servicio HBO Max en US$600 millones. Es una cifra récord para una serie de TV, incluso si es uno de los programas más populares de la última década. The Big Bang... creada por Chuck Lorre (además alguien que se lleva un porcentaje por cada vez que uno de sus productos se vende para sindicación en diferentes ventanas), terminó en mayo pasado. La señal que tenía la exclusividad para el cable al menos hasta 2024 era TBS, que pertenece al mismo grupo de empresas que HBO. Pero hubo que hacer el pacto y ahora TBS tiene la exclusividad para el cable hasta 2028, mientras que el único servicio de streaming que podrá mostrarla es HBO Max.

No es la primera transacción récord de estas semanas. Netflix anunció que tendrá todo Seinfeld a partir de 2021 y compró los derechos por US$500 millones. Para sacarle Friends a Netflix, que tenía los derechos por varios años más, HBO Max tuvo que pagar US$425 millones. Y NBC, para su próximo servicio de streaming (que aún está en veremos) pagó también a Netflix unos US$500 millones. Lo que está en juego aquí es la exclusividad de las marcas, por cierto: estos programas deberían agregar valor a los servicios y los fans que quieran verlos (en teoría, la piratería seguramente crecerá como consecuencia de este nuevo ecosistema) deberá pagar por la plataforma que los contenga. Como se ve, más de una.

El caso de The Big Bang... es raro porque no se ha testeado su potencial para el binge-watching (la costumbre de "maratonear" una serie por su nombre en inglés). Sí sucede con Friends (aún en Netflix) y con Seinfeld (actualmente en Amazon Prime Video). Así que el hito no es solo por el precio sino porque es la primera serie exitosa de finalización reciente que recibe tal pago. Es una inversión.

Lo que nos lleva al punto central: los programas de televisión, que solían ser en principio descartables (se veían, se recordaban, se abandonaban) hoy se han convertido en material de constante revisión. De hecho, lo que se intenta actualmente con las producciones millonarias no es solamente que se instalen en el momento en que son emitidas sino que sigan "vivas" como negocio por mucho tiempo. La interacción con las redes sociales y la conversación, la transformación -a veces un poco artificial- de ciertos programas en fenómenos e iconos culturales, lleva a este tipo de negocios, totalmente distintos de lo que fue, hasta no hace demasiado, el broadcasting y el cable tradicionales. Seguramente esto abra las puertas para más compras mega millonarias. Y también para mayor restricción y exclusividad, lo que probablemente redore los blasones del cable (sobre todo en épocas como la actual, con sistemas que permiten grabar o revisar hasta un par de días después de la emisión original) y, como se dijo, de la piratería, especialmente para los contenidos creados especialmente para cada plataforma. La revolución del streaming será indefectiblemente, aunque no tan sencilla.

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