Casi una década antes de que Marvel construyera un universo cinematográfico con la ayuda de Disney y tras el éxito -un poco de carambola- de Iron-Man, y poco antes de que El Hombre Araña, según Sam Raimi, se convirtiera en la primera traslación fiel de un superhéroe de esa firma a la pantalla (claro que Superman fue mucho, muchísimo antes; lo mismo Batman), aparecieron los X-Men en el cine y cambiaron drásticamente la manera como el género de historietas se plasmó en películas. Esta serie cumple veinte años y tiene siete películas con los personajes, más tres sobre Wolverine (el gran icono de la saga) y dos de Deadpool, que está relacionado y de algún modo la comenta desde el absurdo. Dado que la mayoría de estas películas está disponible en plataformas (y que Fox las puso en pantalla y se puede acceder a ellas desde Flow), vamos a revisarlas un poco.

La primera X-Men, de 2000, realizada por Bryan Singer (que hará cinco de las siete en total) presenta un tono mucho más sombrío que el resto de las películas. Probablemente porque lo que se intentó fue darle una relevancia especial a los personajes para que fueran tomados en serio. De allí que todo sea -y de hecho, sigue siendo- un cuento sobre la discriminación en los Estados Unidos y la dicotomía política de integración o segregación. Digamos: Magneto es Malcolm X (de hecho, al final de la película utiliza una frase de líder negro-musulmán) y Xavier es Martin Luther King. De todos modos, la película funciona bastante bien justamente por los momentos de distensión y por Wolverine, personaje que lanzó definitivamente a la fama a Hugh Jackman (y no a la inversa) y cuyo derrotero es el más emotivo de toda esta saga. La segunda película, también de Synger, es mucho más dinámica y con mejores secuencias de acción (el prólogo con Nightcrawler en la Casa Blanca es impactante), y cambia el tono oscuro y conminatorio político de la primera por otro más trágico, vinculado a las emociones de los personajes, especialmente al triángulo Scott Summers-Jane Gray-Logan. El final es especialmente lírico y la aparición del gigantesco Brian Cox como el villano Stryker le otorga otro espesor dramático. La tercera, dirigida por Brett Ratner (pero hecha casi completamente por Singer hasta que pasó a producir Superman Regresa), lleva al extremo la pelea entre los mutantes radicales que quieren suprimir a la Humanidad y los que quieren integrarse a ella de un modo que lleva la serie a una constante que se verá en el resto de las películas: la lucha entre los mutantes siempre pone al mundo al borde de la desaparición. El final es tragedia pura, lo más lírico que dio la serie.

En X-Men, la idea de que el "superpoder" es una maldición está mucho más tematizado que en la saga de los Avengers, que nunca son seres "marginales" (enorme diferencia con estos supertipos). Hay que seguir con atención en esas primeras tres películas al personaje de Anna Paquin, adolescente que descubre el amor y el sexo pero no puede tocar a nadie porque puede matarlo. Eso es una constante en esta serie.

Después de estas tres películas, se empezó de cero contando el origen de los personajes. X-Men First Class es una de las mejores de toda la serie porque combina la fantasía superheroica con humor y filo político de un modo menos oscuro. Como todo transcurre a principios de los años sesenta, hay también una especie de parodia de las películas de James Bond y un diseño satírico por ese lado. Más allá de varios personajes muy atractivos (Emma Frost, por ejemplo, o la Raven de Jennifer Lawrence), o del "error" (no lo es, pero excede el sentido de esta nota explicar por qué) de una Villa Gesell en Bariloche, el film del especialista Matthew Vaughn (Kingsman) es el más cercano al tono de las historietas. A esta le siguió el gran "crossover" entre los viejos X-Men y los nuevos: X-Men días del futuro pasado, nuevamente con Singer en la dirección, que une las dos series a través del personaje de Wolverine y que adapta una de las series clásicas de los personajes creada por Chris Clearemont, con el mismo título. La mezcla de cine "de los años 2000" con "recuerdos de los setenta" funciona, especialmente en las secuencias de diálogo, más emotivas. Tiene una de las grandes escenas de toda la serie: Quicksilver en el Pentágono.

Singer dirigió luego X-Men Apocalipsis y Dark Phoenix. La primera es, por cierto, una buena mezcla entre la componente emotiva (la historia -y la tragedia continua- de Magneto, por ejemplo) y la aventura pura inspirada en la acción a mansalva de la historieta. Hay un gran villano y momentos realmente líricos (las ojivas nucleares elevadas al infinito) pero nunca se pierde el tema de integrarse o combatir. Dark Phoenix tuvo la desgracia de caer en medio de la fusión de Fox con Disney, fue pésimamente promocionada y retrasado su estreno un año. Fracaso sin motivo, es la película más cercana al cine de terror, y es una pena que no se pueda decir que los "extraterrestres" malos son Skrulls (como en el comic) porque, claro, ese nombre era de Disney.

De todos modos, quizá las dos mejores películas "con X-Men" sean el western melancólico y sangriento de Logan, que narra el final de un Wolverine viejo y cansado, que además demuestra que Jackman es uno de los mejores actores del mainstream contemporáneo; y Deadpool, que le da una vuelta de tuerca a toda la solemnidad que suele lastrar algunas de estas películas por el simple mecanismo de reírse de todo el género. Veinte años más tarde, la serie todavía funciona: veremos cuando se cruce, fatalmente, con el resto de Marvel.

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