Fuertes discursos

El Festival de Venecia, entre el cine, la política y la diversidad

Geroge Clooney dijo que EE.UU. vive una "caquistocracia", el gobierno de los menos calificados.

Aquí en Venecia, siempre mágica, pero también siempre calurosa y húmeda en esta época, el festival de cine más antiguo del mundo comenzó llamativamente encendido por el fuego de la política.

El incombustible director del festival, Alberto Barbera, parece haber encontrado un inteligente equilibrio entre abrir las puertas de la muestra a todos los debates, sin censuras, pero evitar subirse sin más a todas las discusiones que le proponen aquellos a los que el cine poco interesa. Ni acallar ninguna voz, ni sentirse obligado a declarar sobre cualquier tema que se le proponga. Defender las causas que se entienden justas, pero no subirse al ring de las pretendidas obligaciones que le impone la agenda de la corrección política.

Difícil, pero no imposible, ese sendero solo parecen poder recorrerlo con elegancia el citado Barbera y el director del Festival de San Sebastián, José Luis Rebordinos, que este año se despide de su cargo.

Cine, política y debate

Muestra de esa deriva fue la elección de la película de apertura, Ink, el esperado regreso al Lido del británico Danny Boyle. Basada en la celebrada obra teatral de James Graham, Ink nos lleva a los feroces inicios del imperio mediático de Rupert Murdoch, encarnado con magnetismo por Guy Pearce.

 Ink es puro Boyle en cuanto a la energía y ritmo con la que construye un torbellino visual que, además, evita la tentación de poner en escena un malvado absoluto.

El Festival de Venecia, entre el cine, la política y la diversidad

Se puede pensar en la transformación de la prensa, en el triunfo del sensacionalismo, sin quedarse solo en la construcción de un chivo expiatorio.

Si esa es la prensa de nuestro presente, nosotros también algo tenemos que ver con ello. La sala Grande, en la que tuvo lugar la première, coronó la proyección con una extendida ovación de pie.

Es en ese marco eléctrico en el que cine y política se sacan chispas que no sorprenden las declaraciones de Maggie Gyllenhaal, la notable actriz y realizadora que este año oficia como presidenta del jurado internacional. Sin rodeos, denunció que existe un "problema sistémico" en la industria que boicotea la financiación de películas dirigidas por mujeres, cuestionando con amabilidad pero con firmeza la escasa presencia femenina en la Competencia Oficial de este año (solo dos películas dirigidas por mujeres).

"Llevará tiempo que se reconozca que las mujeres miran el mundo de manera distinta a los hombres", sostuvo, además de interpelar el presente afirmando que, ante un mundo en estado de emergencia, el cine sigue siendo el espacio fundamental para encontrar algo de empatía. A su lado, Alberto Barbera defendió la selección alegando criterios estrictamente artísticos y ratificó la postura histórica del festival: la Bienal es un espacio de debate absoluto, libre de censuras, un territorio donde conviven todas las voces, incluso en los momentos de mayor tensión geopolítica.

Clooney y las críticas a Trump

George Clooney, por su parte, homenajeado por el festival, no solo hizo su show de risas y mohines con los fotógrafos en la alfombra roja. Elegante y carismático como siempre, declaró su amor por esta ciudad (de hecho, es el lugar que eligió para su casamiento en 2014 con Amal Alamuddin). Pero ese ánimo de agradar en todo momento a todo el mundo no le impidió realizar unas cuantas declaraciones punzantes.

Sin pelos en la lengua, tildó a la situación política actual de su país como una "caquistocracia" (el gobierno de los menos calificados). Confiado en que el tiempo de Donald Trump se acerca a su fin, añadió: "Estamos viviendo un momento en el que la mayoría de quienes tienen el poder han decidido que el cambio climático es un engaño y que la ciencia no es real. Pero eso no durará para siempre. Habrá otras personas en el poder y se preocuparán por ello".

George Clooney llegó a Venecia con su esposa Amal
George Clooney llegó a Venecia con su esposa Amal

En estos primeros días ya pudieron verse, además, dos obras que hablan de la muy buena selección de este año: Bucking fastard, de Werner Herzog, y Wild Horse Nine, de Martin McDonagh. Buenas películas y ardiente debate político: el explosivo cóctel que propone esta edición del Festival Internacional de Cine de Venecia.

Esta nota habla de: