Trastienda política

Tempestad sobre Washington, el filme más actual sobre el poder

Una película sobre presiones políticas y relaciones internacionales

Dejemos de lado la torment(it)a y el pataleo en redes sociales porque Messi, en un acto protocolar de agenda, saludó al presidente de los EE.UU. Donald Trump, una esas muchas noticias que nos entretienen más que nos informan y que no alteran en absoluto la vida cotidiana. 

Deberíamos, pues, volver a una de las grandes películas de los años sesenta, Tempestad sobre Washington, dirigida por Otto Preminger. Preminger fue uno de los mayores autores cinematográficos y, probablemente el mejor "cineasta político" que dio el Hollywood clásico.

 Su interés no estaba en defender las grandes causas sino en comprender las instituciones creadas por los hombres y, a través de ellas, mostrar esa esencia humana. Por eso algunas de sus primeras películas son clásicos del cine negro (Laura) o quizás la más quirúrgica de las películas de juicio, Anatomía de un asesinato.

Pero la película que queremos recomendar (búsquela en YouTube, como suele pasar no está en plataformas, pero no debería ser obstáculo, el lector sabe) es Tempestad sobre Washington, titulada originalmente Advice and Consent, y que narra cómo es el proceso para que un hombre llegue a ocupar un puesto alto en el Gobierno estadounidense, en este caso el de Secretario de Estado.

 Como saben, es quien se encarga de dos ítems -y esto es muy interesante en estos tiempos- fundamentales para los EE.UU.: la política migratoria y las relaciones exteriores. Si quieren comprender el peso de Marco Rubio en la actual administración norteamericana, es muy didáctico.

En el filme, el presidente está a punto de morir y decide nominar a un nuevo Secretario de Estado, un hombre de familia y probo interpretado por Henry Fonda (especialista en ese tipo de roles: vean Viñas de Ira y El hombre equivocado). La razón: duda que su vice siga con su política exterior y quiere asegurar su legado. La oposición asume el "Advice and consent", un poder constitucional que les permite rechazar tal nominación, pero que tiene su proceso y hay que convencer a legisladores de ambos partidos. Es casi un juicio. El filme gira alrededor de ese juicio.

Preminger es, se dijo, quirúrgico: muestra las negociaciones; el uso de la vida privada para generar presiones o conseguir ventajas; la investigación exhaustiva sobre el pasado de cada actor del drama (esto es un drama en el sentido, también, teatral: todo es en gran medida una representación) y llega a una conclusión interesante: nadie tiene razón del todo, nadie es completamente bueno o completamente malo. Hay varios giros sorpresivos en la trama que es preciso no revelar.

Lo principal es que vemos la entretela del pode político, lo que hay detrás del discurso público y el difícil balance entre la razón de estado y la vida personal. Más allá de actuaciones excepcionales (Charles Laughton como el jefe opositor, Walter Pidgeon como uno de los senadores; y secundarios tremendos como Gene Tierney, Franchot Tone o Burgess Meredifh), resulta una película que se disfruta como thriller pero deja el sabor de "¿acaso esto no está pasando ahora, y no solo en los Estados Unidos?". A veces la distancia del arte es la mejor forma de comprender una noticia de hoy.


Esta nota habla de: