Quiero arrancar la charla con la idea de un capitalismo nacional y con un dibujo de Osvaldo Révora, ilustrador de mis columnas en BAE Negocios, que acompañó la primera nota después de las PASO sobre el desbande del oficialismo. Creo que estamos viviendo un desbande desordenado donde además se reordenan los grandes empresarios argentinos y extranjeros y el gobierno de Estados Unidos. A pesar de las torpezas de la diplomacia argentina, Donald Trump eligió a Mauricio Macri como tapón contra la vuelta de los populismos latinoamericanos. Claramente falló y resultó un tapón caro, de 57.000 millones de dólares.

A partir del 11 de agosto lo que empezó a pasar fue un cambio súbito de todas las lealtades (del Gobierno) en las que antes se creía que estaba sostenido, más o menos precariamente, pero sostenido. Y ahora lo que mira el poder es cuál va a ser el modelo que va a seguir Alberto Fernández.

“El Presidente surge de las entrañas de la burguesía, pero del sector más rentista”

Estuve estos cuatro años tratando de entender, de identificar las razones, las motivaciones que llevaron a esta burguesía que "supimos conseguir" - como decía Jorge Schvarzer- encaramar en el gobierno a un presidente surgido de las entrañas del empresariado argentino pero representante del sector más rentista, menos productivo, menos vanguardia y menos innovador, que proviene del sector de los contratistas de la obra pública. Lo único que pensar en busca de una explicación es que pueden sacrificar ingresos, el lucro sólo por prejuicio o estar atados a una idea, a una reacción frente al otro, frente al peronismo básicamente.

Los empresarios argentinos no se mueven en función de su flujo sino de su stock. No se mueven como empresarios que generaron un ingreso en Argentina a partir de una determinada inversión corriente, sino que se comportan en función de la que tienen afuera y ponen al resguardo de las políticos, de sus compatriotas, de los trabajadores y eso, quizás, ayude a entender cómo hay industriales que dicen votar a un gobierno que los hizo fundir y cerrar sus fábricas. Ahí uno también tiene que tener en cuenta que Argentina ha tenido vaivenes en la propuesta económica que les hace a sus empresarios, que en muchos casos hace que la decisión más racional sea refugiarse afuera porque vino un gobierno que de repente abre las importaciones y suprime la demanda interna entonces y pone la tasa de interés en el 80%. Eso es lo que tiene que frenarse. Ese comportamiento descoordinado y egoísta de corta mira, no estratégica, si la queremos que la próxima generación tenga un país en el que pervivan las aspiraciones de desarrollo.