Lo que hace menos de un año era el mejor lugar para invertir se convirtió en muy poco tiempo en un desastre sin precedentes que podría destruir la riqueza de miles de personas. En enero de este año, las criptomonedas estaban en su pico: los precios volaban, las monedas nuevas subían y la cultura cripto se expandía entre los jóvenes. Sin embargo, la inflación galopante de Estados Unidos, la guerra Rusia-Ucrania y la pérdida de confianza en los criptoactivos detonaron los precios, que llegaron a mínimos históricos en los que podrían quedarse por mucho tiempo. Todavía no se sabe qué tan grave es el daño, y el temor es cada vez más grande. 

Este lunes, el Bitcoin luchó por mantenerse por encima del piso de 20.000 dólares. La criptomoneda más grande cayó hasta un 4,8% a USD 19.618 el lunes en Asia, y cotizaba a USD 20.036 en Tokio. Por su parte, Ether llegó a perder un 7,8%, pero volvió a los 1.000 dólares. Solana, Cardano y Dogecoin estaban en números rojos. Esta última es la favorita de Elon Musk, que fue confrontado por "engaños y estafa" y dijo que él seguirá comprándola.

Todos estos números son graves por sí mismos, pero aún más preocupantes si se los compara con noviembre del año pasado, cuando el Bitcoin llegó a cotizar en 69.000 dólares. Perdió un 70% en ocho meses. Ethereum alcanzó los 4.900 dólares, lejísimos de los mil dólares actuales. 

Las principales criptomonedas se derrumbaron enormemente

La impactante caída se profundizó con el derrumbe de Terra, una cripto que desapareció y se llevó con ella la confianza de miles de inversores en un mercado que llegó a acumular activos por más de tres billones de dólares. Lo que pasa con las criptomonedas es, en parte, una versión extrema de lo que les está sucediendo a las acciones: los inversores venden activos de mayor riesgo en un momento en que aumenta el riesgo de recesión. Y el riesgo es, actualmente, enorme.

El recuerdo de la crisis del 2008

La idea de regulación a las criptomonedas toma cada vez más fuerza con el derrumbe. Muchos expertos advirtieron que no quieren una nueva crisis como la de 2008, cuando la burbuja de las propiedades explotó y miles de personas se quedaron sin nada. “Hicieron cosas similares antes de la crisis de 2008: promocionaron agresivamente estos productos, prometieron rendimientos que no eran razonables, ignoraron los riesgos y descartaron a cualquier crítico como gente que simplemente no lo entendió”, consideró Mark Hays de Americans for Financial Reform, un grupo de defensa del consumidor, en diálogo con el Washington Post.

 “Había esta exuberancia irracional”, dijo Hays, que junto a otros especialistas comparó este colapso con el de hace catorce años atrás por versiones de criptoindustria de corridas bancarias y una falta de supervisión regulatoria que suscita temores sobre cuán grave podría ser el daño. Lo que sí es seguro es que no tendrá la magnitud del 2008, ya que la industria cripto no es tan grande como para provocar tanta agitación en la economía estadounidense o el sistema financiero en general.

Algunas consecuencias ya están a la vista: muchas empresas cripto debieron echar a cientos de empleados debido a las pérdidas millonarias, y ya avisaron que una gran recesión podría generar aún más despidos. "Una recesión podría conducir a otro criptoinvierno y podría durar un período prolongado", dijo el director ejecutivo de Coinbase, Brian Armstrong.

Por otra parte, se dio el primer "corralito cripto": la empresa Celsius Network congeló las cuentas de sus casi dos millones de clientes, que no tienen un seguro federal para respaldar sus depósitos. 

¿Regulación a la vista?

Hilary Allen, profesora de derecho en la Universidad Americana que ha realizado investigaciones sobre las criptomonedas, dijo que no le preocupa que la última agitación de la industria se extienda a la economía en general. Sin embargo, entre los criptoinversionistas, los problemas pueden estar surgiendo bajo la superficie. “Hay fondos de cobertura que tienen préstamos bancarios que han hecho apuestas en criptomonedas, por ejemplo”, dijo al Washington Post.

Y cada vez que los inversionistas toman prestado dinero para aumentar el tamaño de sus apuestas, algo conocido en el mundo financiero como "apalancamiento", la preocupación es que las pérdidas pueden acumularse rápidamente.

 

“La gente está tratando de hacer análisis, pero hay una falta de transparencia y es difícil entender cuánto apalancamiento hay en el sistema”, dijo Stefan Coolican, ex banquero de inversiones y ahora miembro del consejo asesor de Ether Capital.

“Creemos que la agitación reciente solo subraya la necesidad urgente de marcos regulatorios que mitiguen los riesgos que plantean los activos digitales”, dijo el Departamento del Tesoro en un comunicado. 

Quizás Bill Gates tenía razón, y los criptoactivos siempre respondieron a la teoría del "tonto mayor". El tiempo dirá hacia dónde van las criptomonedas y, con ellas, los ahorros de miles de personas.