El derrumbe histórico que vivieron este lunes los mercados globales, arrastrados por la mayor caída del petróleo en 29 años en medio de la guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia además del temor de que la expansión del coronavirus lleve al mundo a una recesión, impactó de lleno en los activos argentinos. Mientras Wall Street cayó casi 8%, las acciones de empresas argentinas que cotizan en Nueva York se hundieron hasta 28%, los bonos en dólares perdieron más de 8% en promedio y el riesgo país saltó 15,6% hasta los 2.791 puntos. El colapso sumó nuevos problemas al ya complicado proceso de renegociación de la deuda, que entró en su recta final: con títulos a precio de remate, preocupa un ingreso masivo de los fondos buitres.

La caída de los bonos durante las últimas semanas era bien vista en el Gobierno ya que las bajas paridades hacían que los acreedores pudieran prever mejoras en sus tenencias aún con escenarios de quitas altas y tender a acordar. Pero con el desplome del lunes, todos las paridades de todos los títulos soberanos perforaron el piso del 40% e ingresaron a lo que en el mercado denominan "zona buitre".

Estos fondos, ligados a bufetes de abogados, no apuntan a obtener ganancias a través de la especulación financiera y, por ende, no son proclives a la negociación y menos aún a aceptar quitas. Su negocio es comprar papeles a precio de default y litigar en los tribunales neoyorkinos para intentar cobrar el 100% del valor original del título. El recuerdo de Paul Singer y el juez Thomas Griesa todavía está fresco en Argentina.

"Los precios perforaron los mínimos de noviembre y las paridades rondan el 35%/37%. En estos niveles suele haber un cambio de manos, que juega en contra de una reestructuración rápida y más o menos prolija. Si las paridades llegan al 25/30% puede ser más complicado todavía. Pero hay que esperar a que el mercado vuelva a estabilizarse", consideró Sabrina Corujo, directora de Portfolio Personal.

El economista jefe de Ecolatina, Matías Rajnerman, coincidió: "Es positivo siempre para la reestructuración que caigan los precios hasta un cierto valor porque los que entran ya asumen una quita mayor. Pero el tema es que ya se empieza a coquetear con la zona buitre, en donde deja de ser favorable. Hay fondos que entran en paridades del 40%, otros en 35%, depende cada uno".

A diferencia de los canjes de 2005/2010, los bonos bajo ley que el Gobierno apunta a reestructurar cuentan hoy con cláusulas de acción colectiva (CAC), también conocidas como antibuitres, que limitan su capacidad de obstruir un acuerdo. Es que las CAC pautan que si el 66%, 75% o el 85% de los tenedores de cada títulos, según cada caso, aceptan la oferta que el Gobierno lanzará entre esta y la próxima semana el cambio de condiciones se hará extensivo al conjunto de los acreedores, incluidos los buitres.

Rajnerman señaló que las CAC matizan un poco el problema aunque advirtió que, con la caída de precios de los bonos, los buitres necesitan poner entre USD5.000 millones y USD10.000 millones para tener posición bloqueadora. "Ellos con el 15%, 25% o 33% según el bono, pueden bloquear un acuerdo. Las CAC ayudan ya que sin ellas el problema sería todavía mayor, pero aún así el escenario es preocupante", remarcó.

A última hora del lunes, el Ejecutivo definía si publicar el martes en el Boletín Oficial el decreto que dará un marco normativo a la oferta de canje de deuda para reestructurar alrededor de USD65.000 millones en títulos ley Nueva York. La propuesta oficial apuntará a un período de gracia de entre dos y cuatro años y a una fuerte quita entre intereses y capital.

Es lo que el Gobierno buscará acordar en las próximas semanas con grandes fondos de inversión, como Blackrock, Templeton, Pimco y Fidelity. Necesita que los tenedores privados de USD24.000 millones adhieran para, junto con el monto similar en manos del sector público, superar el piso que fijan las CAC.

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