Históricamente, los modelos convencionales de economía y finanzas plantearon funciones de utilidades basadas en la aversión al riesgo, considerando agentes racionales e información perfecta. Pero la evidencia en los efectos de los sesgos cognitivos en el comportamiento de los individuos y las fallas encontradas, son factores fundamentales que impulsaron la utilización de los modelos de Behavioral Finance.

La realidad es que los individuos son propensos a tomar “atajos” a la hora de tomar decisiones. En el caso de los mercados financieros, los inversores también presentan sesgos de comportamiento que los llevan a cometer errores de calibración a la hora de valuar sus activos, tomando decisiones con tiempo e información limitada, en contextos de incertidumbre.

De hecho, los conceptos que explican los estudios de las finanzas conductuales pueden ser de utilidad para comprender los factores psicológicos que participaron en las distintas burbujas financieras. Esta materia que estudia la psicología de los mercados y su rol en la toma decisiones, propone que los inversores tienen sesgos que generan que sus decisiones financieras no sean completamente racionales.

La existencia de sesgos de subdiversificación y toma de riesgo excesiva, viene desde el lado de que diferentes personas son demasiado rápidas para sobreponderar activos, cuando reciben ciertas señales que los conduce a determinados errores de calibración.

La irracionalidad de los mercados en momentos de crisis

No está mal temer al COVID-19, o a la volatilidad y a las pérdidas observadas en los mercados tras la aparición del virus. Pero es importante diferenciar entre el miedo y el pánico.

Distintos sucesos acordes a los que vivimos en la actualidad, evidenciaron la irracionalidad de los inversores en momentos de crisis. Esto va de la mano de la vulnerabilidad al pánico de los individuos ante estos tipos de eventos. La burbuja financiera japonesa de finales de los años 80´ y la de Estados Unidos en 2008 son ejemplos, que demuestran que los individuos, tienden a sobreestimar determinados eventos de pánico que ayudan a potenciar ese tipo de situaciones.

En la primera etapa de la crisis de 2008, el pánico no se demoró mucho en llegar. Las caídas inmediatas de los activos generaron que el pánico se potencie rápidamente causando distintos eventos de sell-out. En la crisis actual, la reacción del mercado no fue muy diferente, con caídas aún mayores tanto en magnitud como en velocidad.

Es evidente que los inversores no se comportan de forma racional, y que los factores psicológicos juegan un rol dominante en determinados contextos. Otro caso que evidencia la sub/sobre reacción de los mercados financieros puede ser la burbuja “puntocom” o “burbuja de internet” ocurrida entre 1997 y 2001, que afectó a las compañías del mercado de valores vinculadas a internet de manera positiva. 

Los mercados financieros se mueven de acuerdo a las reacciones de los agentes ante los distintos eventos. Se puede observar como cada participante interpreta la información de manera diferente y que los mercados no reaccionan de forma perfecta ante determinados eventos. Por algo la incertidumbre y la intranquilidad de los inversores generada en el contexto actual, llevó a la fuerte caída de los índices bursátiles en marzo, registrando rojos diarios records en los últimos 30 años. Mientras que el VIX, índice que mide la volatilidad implícita de la bolsa de Estados Unidos, alcanzó máximos históricos -superando incluso los máximos anteriores de la crisis del 2008-.

En la mayoría de las crisis financieras observadas, los inversores suelen liquidar sus activos de mayor riesgo para reducir el riesgo en sus carteras. De este modo, tienden a elegir los activos denominados “safe havens” que resultan ser menos sensibles a las crisis y sirven como hedge para estos tipos de eventos, ya que tienen muy poca correlación con los de mayor riesgo. Entre los distintos activos que suelen mantener los inversores con el objetivo de proteger sus riquezas se encuentran el efectivo (moneda dura), los Treasuries americanos y el oro.

Al mismo tiempo, tras sufrir importantes caídas, los inversores suelen incrementar su aversión a la pérdida y a la ambigüedad prefiriendo optar por las opciones en las que se conocen con mayor precisión las probabilidades de los posibles resultados, dejando en consecuencia de lado los activos más riesgosos, y potenciando aún más las caídas de estos últimos.

Estos eventos de estrés financieros en la mayoría de los casos generan sobre reacciones en los mercados. La tendencia a sobre reaccionar, puede también generarse mediante al “comportamiento de manada”, sobrestimando el comportamiento de otros grupos de personas y subestimando el juicio propio dentro del análisis. 

Mientras que, por otro lado, en ciertos casos los inversores toman decisiones únicamente por razones especulativas e irracionales, esperando que otros participantes coloquen los precios de los activos a un nivel superior en el futuro, en lugar de realizar un análisis de la información fundamental y de la relación entre el riesgo y el rendimiento esperado. 

Argentina, un país que vive en situación de crisis

Ahora bien, si pasamos puntualmente a la Argentina, a lo largo de su historia nos encontramos con una serie de crisis económicas, que supera en cantidades y magnitudes a cualquier otro país. Estas terminaron resultando en un perfil de inversor promedio, que se encuentra lejos de ser un agente racional.

De modo ilustrativo, podemos ejemplificar algunas de las diversas crisis que sufrió nuestro país. Comenzando por el Rodrigazo en el año 1975, donde las medidas de ajuste duplicaron los precios en la economía, generando un desdoblamiento cambiario y una importante devaluación, que terminó con un nivel de inflación anual de tres dígitos. Continuando con la Hiper de 1989, tras el fracaso del Plan Austral y el Plan Primavera, el objetivo de contener la inflación no fue logrado debido a distintos factores como el estancamiento económico, el endeudamiento, los desequilibrios comerciales y fiscales, y se terminó desatando (otra vez) una hiperinflación. No mucho tiempo después, llegamos al “corralito” del 2001. Luego de la etapa de la convertibilidad, el marco económico se volvió insostenible, generando una fuerte crisis financiera, donde se realizó el blindaje, el megacanje, y un colapso en el sistema bancario tras importantes corridas.

Sin entrar en detalles de la actual crisis económica que vivimos en el país, es evidente la razón por la que los inversores locales deciden elegir la seguridad resignando la utilidad. De ese modo, muchos inversores se deciden por activos reales (ladrillos) o directamente por la compra de dólares, aunque en términos de rendimiento estos no sean la mejor opción. La poca confianza en los individuos locales que fue generada tanto por la historia política y económica del país, como por la falta de educación financiera, que podemos decir termina causando cierta irracionalidad en la toma decisiones. 

Quizás sea momento de comenzar a entender de forma más profunda y amplia el comportamiento de los mercados mediante sus diversas heurísticas, pero como dijo el Premio Nobel Richard Thaler: “Lo peligroso de los sesgos cognitivos es que los reconocemos fácilmente cuando actúan en los demás, pero difícilmente lo hagamos cuando aparecen en nosotros mismos”.

*Analista de PPI